16/7/18

Jorge Luis Borges: La balada de Maldon






Una lápida del norte de Inglaterra representa, con torpe ejecución, un grupo de guerreros nortumbrios. Uno blande una espada rota; todos han arrojado sus escudos; su señor ha muerto en la derrota y ellos avanzan para hacerse matar, porque el honor les obliga a acompañarlo. La balada de Maldon guarda memoria de un episodio análogo. Se trata de un fragmento; los invasores noruegos piden tributo a los sajones; el jefe sajón, que comanda unas improvisadas milicias, responde que lo pagarán con sus viejas espadas. Un río separa a las dos huestes; el jefe de los sajones permite que lo atraviesen los vikings, «los hombres de las naves a la tierra, en alto los escudos». El duro combate se entabla; los «lobos de la matanza», los vikings, apremian a los sajones; el capitán sajón, herido de muerte, agradece a Dios con su último aliento todas las dichas que ha tenido en el mundo. Lo matan y uno de sus hombres, que es un anciano, dice: «Cuanto menor sea nuestra fuerza, más animoso debe ser nuestro corazón. Aquí yace nuestro señor, hecho pedazos, el que más valía, en el polvo. Quien quiera retirarse de este juego, se lamentará para siempre. Mis años ya son muchos y me quedaré a descansar; junto a mi señor, a quien quiero tanto.» Uno de los sajones, Godric, ha huido cobardemente, en el caballo de su señor. El fragmento concluye con la mención de la muerte de otro Godric, «ése no era el Godric que huyó».
La balada de Maldon, como las venideras sagas escandinavas, abunda en pormenores circunstanciales, sin duda históricos. En el principio se habla de un joven, que ha salido a cazar; al oír el llamado del jefe, «dejó que de su mano el querido halcón volara al bosque y entró en la batalla». Dada la dureza épica del poema, la frase «el querido halcón» nos conmueve singularmente.
El carácter homérico de la balada ha sido justamente alabado. Legouis la compara con la Canción de Rolando, pero hace notar que Maldon tiene la desnuda severidad de la historia, y Rolando el prestigio de la leyenda. En el cantar sajón no hay arcángeles, pero también florece el coraje en medio de la derrota.



Véase Borges profesor. Clase cinco [Martín Arias y Martin Hadis]
Y Un mensaje tallado en piedra desde el infinito

En Jorge Luis Borges: Literaturas germánicas medievales [Literatura de la Inglaterra Sajona]
Título original: Literaturas germánicas medievales
Jorge Luis Borges, 1966
Colaboración: María Esther Vázquez

Imagen: El ojo de Borges. Dibujo de Alberto Ciupiak
Fuente: Archivo de Ilustración Argentina


14/7/18

Un mensaje tallado en piedra desde el infinito








La frase y la imagen esculpida en la lápida revelan la pasión de Jorge Luis Borges 
por el inglés antiguo y las leyendas escandinavas que Martin Hadis analizó en su libro. 

Por Héctor Pavón


Una imagen impactante de un lado, un mensaje oculto del otro. Palabras en inglés antiguo talladas en la piedra aumentan el misterio, duplican el valor histórico literario del enigma. Están inscriptos en una lápida anclada en el cementerio Plainpalais de Ginebra: allí debajo yacen los restos mortales de Jorge Luis Borges. Sus palabras escritas, claro, no conocen la muerte.

Esa lápida requiere una mirada avezada, atenta y diseccionadora como la del investigador Martin Hadis (1971) que dedicó años de su vida a dilucidar lo que decía y lo que no decían esas inscripciones. “Esta lápida es la intersección de varias pasiones de Borges, de ahí los enigmas que encierra: el coraje, el estudio de las lenguas antiguas, la erudición y la universalidad”, asegura Hadis, autor de Siete guerreros nortumbrios. Enigmas y secretos en la lápida de Jorge Luis Borges (Emecé). Hubo, hay una relación intensa y explicadora entre este mensaje y la pasión literaria de Borges: el coraje y lo que significó en su vida todo el aprendizaje del inglés antiguo y el escandinavo antiguo. Dos lenguas que no tiene correlato con la vida y la realidad corrientes y vigentes en el siglo XX... ¿pero acaso las palabras no guardan relación con su pasado original? En esa explicación genética radica la justificación de su talento abrumador e inquietante.

Hadis describe minuciosamente la lápida para después lanzarse a la interpretación que no sólo trasciende el tiempo-espacio: recorre su vida en la Argentina, su muerte en Suiza y su pasado legendario en tiempos y territorios de la antigua Inglaterra y en la vida vikinga escandinava.

En el frente de la lápida figuran el nombre de Jorge luis Borges, la imagen de siete guerreros y una frase en inglés antiguo And ne forhtedon na , que significa : “…Y que no temieran.” La imagen de los siete guerreros fue tomada de la llamada Piedra de Lindisfarne, una talla que recuerda el ataque vikingo ocurrido en Nortumbria (al norte de Inglaterra) en el año 793 dC. Hadis señala que, curiosamente, Borges ya había descrito este diseño, que terminó tallado en su tumba, en su libro Literaturas Germánicas Medievales (1966): “Una lápida en el norte de Inglaterra representa con torpe ejecución, siete guerreros nortumbrios. Uno blande una espada rota; todos han arrojado sus escudos; su señor ha caído en la batalla y ellos avanzan pare hacerse matar, porque el honor les obliga a acompañarlo. La balada de Maldon guarda la memoria de un episodio análogo...” La balada a la que hace referencia Borges narra un combate entre vikingos y sajones del año 991. La frase en inglés antiguo pertenece al inicio de esa lucha: Byrthnoth, el líder sajón, pidió a sus hombres que defendieran sus lugares, que sostuvieran bien sus escudos, “y que no temieran”.

En el reverso de la lápida hay una nave vikinga que simboliza, según el autor, el pasaje de Borges a la eternidad, y debajo de ella una frase de la Völsunga Saga (o Saga de los volsungos, un texto islandés escrito en prosa a fines del siglo XIII) que Borges cita en su cuento “Ulrica”: Hann tekr sverthit Gram ok leggr í methal theira bert ,que significa: “El tomó la espada Gram, y la colocó entre ellos desenvainada” (traducido por Hadis).

“Lo extraordinario de estas citas y figuras antiguas es que remiten, en el contexto de la obra de Borges y de un modo misterioso, a los antepasados criollos del escritor, a los compadritos de Palermo, a las milongas y al viejo Buenos Aires.” Hadis entrevistó a María Kodama (quien le dio su bendición a él y a su proyecto) y a Eduardo Longato, el escultor autor de la lápida que la viuda de Borges le había encargado.

A los 55 años Borges comenzó a estudiar inglés antiguo. Un momento particular: estaba totalmente ciego. Según el investigador, Borges utiliza metáforas germánicas: las kenningar , mezcladas en sus versos orilleros de Evaristo Carriego y en la milonga “Jacinto Chiclana”. Allí exhibe la habilidad necesaria para mezclar lo criollo con lo anglosajón, la herencia de su abuelo paterno, el coronel Francisco Borges, y la de su abuela paterna inglesa, Anne Haslam.

La lápida famosa del cementerio suizo tiene apenas 24 palabras y dos imágenes y de allí surge una serie enorme de asociaciones que conectan la vida de Borges con su particular literatura. Esta misión le cupo muy bien a Martin Hadis, un investigador obesivo e inagotable producto de una formación ecléctica e interesante. El autor se inició en el estudio de sistemas en 1993 y luego obtuvo un Master of Science en el Media Lab del Massachusetts Institute of Technology (MIT); estudió literaturas germánicas comparadas en la Universidad de Harvard y realizó una maestría en antropología cultural en la Universidad de North Texas. También ha estudiado numerosos idiomas, no todos de fácil acceso o utilización en la vida moderna como inglés antiguo, latín, galés, antiguo nórdico o también chino mandarín, japonés, finlandés, hindi, entre otros. Su iniciación borgeana comenzó cuando recopiló el curso de literatura inglesa que Borges dictó en la UBA y lo publicó, en colaboración, como Borges profesor* ; luego escribió Literatos y excéntricos: los ancestros ingleses de Borges.

Hadis ha recorrido un largo camino en su madura carrera como académico investigador. Pero no ha agotado las fuentes de inspiración borgeanas. Por un lado, esas fuentes son inagotables; y por otro, las exploraciones y hallazgos en el gran universo borgeano de Hadis son, como las letras del autor de El Aleph , infinitas.



* Borges profesor de Martin Hadis [+] y Martín Arias, y otras notas de M.H., 
en Borges todo el año por tag de búsqueda

Por índice :



Foto original color (arriba):
Tumba de Borges en el Cementerio de los Reyes, PlainPalais, Ginebra

13/7/18

Jorge Luis Borges: Sobre el Budismo [Entrevista con Sri Lathan Lal Mehrotra, Buenos Aires, 22 de noviembre de 1983]






A principios del año 1997, la redacción de Variaciones Borges recibió tres bandas magnéticas provenientes de la Radio de las Naciones Unidas en New York. Su donante era un distinguido diplomático costarricense, Jorge Ulate Segura, a la sazón director del Centro de Información de las Naciones Unidas (UNIC) en Copenhague. Las tres bandas contenían un diálogo sobre el Budismo, que tuvo lugar en la Casa de las Naciones Unidas de Buenos Aires, el martes 22 de noviembre de 1983. Los dialogantes eran Jorge Luis Borges, acompañado de su amigo Roberto Alifano, y el entonces embajador de la India en Argentina, Sri Lathan Lal Mehrotra. Intervinieron también en el diálogo personas presentes en el público, algunas de ellas anónimas, otras conocidas, como la escritora Luisa Mercedes Levinson.

Seguidamente se transcribe la desgrabación textual de ese diálogo, en cuanto resulta audible. Hubo dos cambios de cinta, durante los cuales la grabación quedó suspendida algunos segundos, y además el carácter inaudible de alguna de las preguntas provenientes del público se debió a la lejanía del micrófono.

Las referencias citadas en la trascripción se corresponden con las opciones de Emecé en la edición del ensayo Qué es el budismo, de Borges  junto a Alicia Jurado (Obras Completas en colaboración).


PRESENTADORA: Es para esta oficina un gran honor el tener al señor Borges y a su Excelencia el Embajador de la India, al señor Alifano, en esta casa de las Naciones Unidas en Argentina, y a todo el público presente, representantes de las autoridades  hay un representante del señor Canciller, doctor Aguirre Lanari, sus Excelencias, embajadores y representantes extranjeros, en fin, distinguidas personalidades que hoy nos acompañan. El diálogo va a ser muy sencillo; su Excelencia el Embajador de la India dirá unas palabras y después comenzará.

EMBAJADOR MEHROTRA: Excelencias, amigos: con el correr de los años los sucesos se acumulan los unos sobre los otros. Puede decirse que la historia es un registro de las vidas de grandes hombres, de grandes ideas y de grandes hechos. La grandeza es un atributo del espíritu. Los más grandes son aquellos en quienes el espíritu ha hallado su florecimiento completo y que consideran que ningún sacrificio es demasiado grande para seguir los dictados de su conciencia. Estos hombres no usan la senda trillada sino que muestran nuevos caminos hacia la verdad, el conocimiento y la felicidad. Buddha, Cristo y Gandhi, todos levantaron sus voces contra la ortodoxia. Sabían que no se podía confinar a la verdad dentro de estrechos muros puesto que descubrirla era el esfuerzo constante del hombre. Sin embargo, la historia también es que algunos seguidores de los espíritus grandes tienden a congelar a su ídolo en el altar de la fe, en instituciones de adoración que sus maestros en realidad no fundaron y que adoran menos los ideales por los cuales estos vivieron y murieron. Es hora de conmemorar los grandes líderes de la humanidad a través de sus ideales de amor, paz y hermandad, que encuentran su ancla en las Naciones Unidas, en un mundo que se halla al borde del precipicio. El sueño de Buddha era enjugar todas las lágrimas en todos los ojos. Es afortunado que uno de los más distinguidos hijos de la Argentina y uno de los más distinguidos autores de la América Latina y del mundo, Jorge Luis Borges, nos haya dado un atisbo de qué es el budismo en una de sus mejores exposiciones. Felicito a la señorita Thelma O' Consolorzano por esta oportunidad que nos ha proporcionado de que en este día, este gran maestro nos dé en persona su parecer sobre el budismo, Jorge Luis Borges.

BORGES: Muchas gracias.

[Aplausos]

EMBAJADOR MEHROTRA: Quiero preguntar, Borges, ¿qué lo atrajo al budismo?

BORGES: Yo fui llevado al budismo por el libro Die Welt als Wille und Vorstellung, El mundo como voluntad y representación, de Schopenhauer. Pero, yo quería formularle a usted algunas preguntas, ya que yo no he venido aquí para hablar sino para escuchar y para aprender. Pero yo querría decir antes que de todas las religiones, la del Buddha, la predicada por el Buddha, es la que exige menos de nuestra credulidad, porque en el caso de otras religiones, ésta siempre exige una suerte de mitología. Por ejemplo, el judaísmo, bueno, exige de nosotros la creencia en un dios personal, en un pueblo elegido, en la historia narrada en el Antiguo Testamento, y en el caso del cristianismo, como en el caso de algunas sectas, por ejemplo en el caso de la fe católica, nos exige la creencia en una suerte de quimera teológica, la Trinidad, hecha de Padre, Hijo y Espíritu, y además la creencia en un establecimiento penal, el Infierno, en un establecimiento premial, el Cielo; en cambio, en el caso del budismo creo que lo que se exige es un ética; lo he hablado con sacerdotes del Zen del Japón, me han dicho que ni siquiera se exige la fe en la existencia de la realidad histórica de Buddha. Lo que se exige es una ética. Pero hay muchos puntos que siguen siendo oscuros para mí. Yo leí en la versión inglesa de Max Müller, ese catecismo budista, Las preguntas del Rey Milinda  creo que Milinda es una transposición de Menandro— y recuerdo que al principio se compara el alma con el carruaje del rey. Se dice que el carruaje del rey está hecho de diversas partes, por ejemplo, están las ruedas, el asiento, el pescante, lo que fuera, y que eso sucede por el alma. Si, yo no sé si puede hablarse de transmigraciones del alma o si se entiende que el alma como sustancia espiritual no existe, es simplemente algo compuesto. Sí, yo ni siquiera sé si uno hereda el karma que uno ha ido tejiendo a lo largo de la vida con actos, con sueños, con entresueños, con palabras, o si ese organismo es heredado por otro. De modo que yo le agradecería mucho a usted, que sabe mucho sobre estas cosas,  yo soy muy ignorante pero muy curioso, si usted podría decirnos algo más sobre el karma.

EMBAJADOR MEHROTRA: El concepto de karma viene del conocimiento de que en el prakriti, en la naturaleza, todo es acción y reacción. Es un concepto en que se piensa que la vida humana y todas sus experiencias son basadas en el karma. La pregunta es después que termina la vida humana ¿qué pasa? Nosotros en la India pensamos que la muerte no es el término de la vida. El Bhagavad-Gita dice muy explícitamente: [sigue el recitado melódico del texto original], lo que significa que cambiar el cuerpo humano es como cambiar la ropa, que cuando la ropa no sirve más a nuestras necesidades, nosotros la cambiamos muy pronto. Y, de esta manera, cuando el alma siente que este cuerpo que tenía no le basta, que las misiones del espíritu están más allá de las posibilidades de este cuerpo, el alma se va de este cuerpo, lo deja y asume otro cuerpo, que es otro nacimiento. Y así sigue el ciclo de nacimiento y muerte. Básicamente esta es la filosofía del karma. Es una cosa un poco compleja, pero me parece que, en dos palabras, esto es el karma.

BORGES: Entonces, ¿debemos postular un espíritu que pasa de cuerpo en cuerpo a través de las diversas formas de la existencia, pero es un espíritu el que pasa de un cuerpo a otro? ¿Es el mismo espíritu?

EMBAJADOR MEHROTRA: Sí, Borges, es el mismo espíritu.

BORGES: Ah, gracias.

EMBAJADOR MEHROTRA: Es el mismo espíritu.

BORGES: Entonces, realmente la única ley del universo sería la ley ética, ¿no? Ya que de la ética, de la conducta, dependen las futuras transmigraciones, ¿la ética será lo único, o lo esencial?

EMBAJADOR MEHROTRA: Usted tiene razón, señor Borges.

BORGES: Bueno, le estoy preguntando, simplemente; yo sé muy poco y quiero aprender.

EMBAJADOR MEHROTRA: Por esta razón la vida tiene que ser ética. Si usted me permite, yo puedo leer el primer sermón que dio Buddha sobre su experiencia de obtención del conocimiento, el enlightenment, la luz.

BORGES: Sí, el enlightenment.

EMBAJADOR MEHROTRA: Porque esto hace muy clara la necesidad de una vida ética, porque el centro de toda la vida en la manera de pensamiento del Buddha tiene que ser ética.

BORGES: De modo que oiremos ahora las palabras de Buddha cuando puso la Rueda de la Ley en movimiento.

EMBAJADOR MEHROTRA: Gracias, voy a hacerlo. Este es el primer sermón que dio el Buddha a otros monjes que querían escucharlo: "Estos dos extremos, oh monjes, no deben ser practicados por aquel que haya dejado el mundo. ¿Cuáles son? Uno se asocia con las pasiones, bajo, vulgar, ordinario, innoble e inútil, y otro se asocia con la tortura auto-infligida, penoso, innoble e inútil. Evitando estos dos extremos, el Tathágata, el Buddha, ha alcanzado el conocimiento del Sendero Medio que da visión y conocimiento, el sendero ético, y tiende a la calma, a la introspección, a la iluminación, al Nirvana. ¿Cuál es, oh monjes, el Sendero Medio que da la visión? Es el noble Sendero Óctuple, la opinión correcta, la intención ética, el habla ética, la acción ética, la vida ética, el esfuerzo ético, la atención ética, la concentración y meditación éticas. Este es, oh monjes, el Sendero Medio, y esta, oh monjes, es la Noble Verdad del dolor: el nacimiento es doloroso, la vejez es dolorosa, la enfermedad es dolorosa, la muerte es dolorosa, la pena, los lamentos, la aflicción y la desesperanza son dolorosos. El contacto con cosas desagradables es doloroso, no obtener lo que se desea es doloroso. En resumen, los cinco objetos de la avidez son dolorosos. Y esta, oh monjes, es la Noble Verdad de la causa del dolor. Ese anhelo que lleva al renacimiento, combinado con el placer y la lujuria, que encuentra placer en todos lados, es decir, el anhelo de pasión, el anhelo de existencia, el anhelo de no-existencia. Y esta, oh monjes, es la Noble Verdad de la cesación del dolor, la tercer Noble Verdad, la cesación sin vestigios de ese anhelo. El abandono, la dejación, la liberación, el desapego. Y esta, oh monjes, es la Noble Verdad del camino que lleva a la cesación del dolor; este es el noble Sendero Óctuple, es decir, la opinión correcta, la intención correcta, el habla correcta, la acción correcta, la vida correcta, el esfuerzo correcto, la atención correcta, la concentración y meditación correctas."

BORGES: Es decir, si he entendido bien, sería una vía media entre la sensualidad y el ascetismo, ¿no?

EMBAJADOR MEHROTRA: Sí, esto es el Medio Sendero. Evitar los...

BORGES: Los dos excesos, el ascetismo y la sensualidad, ¿no?

ALIFANO: Borges, yo le pediría que usted contara la historia del Buddha, o la leyenda del Buddha. Creo que eso sería muy interesante y que a la gente le agradaría mucho.

BORGES: Sin duda el Señor Embajador puede hacerlo mucho mejor que yo.

EMBAJADOR MEHROTRA: No, no, queremos escucharlo en las palabras del señor Borges.

PRESENTADORA: Yo creo que sí, Borges, queremos escucharlo de usted.

BORGES: No sé, tengo miedo de cometer tantos errores, ¿no?, ya que no soy budista sino...

PRESENTADORA: Yo tampoco...

BORGES: ¿Cómo?

PRESENTADORA: Ninguno de los que estamos aquí somos budistas.

ALIFANO: Borges, esa es una historia maravillosa, es una bellísima historia y yo creo que...

BORGES: Sí, sí...

ALIFANO:... La gente se merece que usted les haga ese regalo.

BORGES: Bueno, la historia, que no es necesario aceptar porque el budismo, la fe del Buddha, no exige que creamos en esa historia como verdadera históricamente o no, creo que la historia vendría a ser la de un rey, y ese rey sabe que su mujer, Maya, Ilusión, dará a luz un hijo. Ese hijo puede ser emperador del mundo o puede ser el Bodhisattva, el pre-Buddha, el que revelara la verdad. Luego ese hijo nace, sin dolor, y lo llevan a un..., lo encierran en..., lo tienen prisionero en un palacio, y se habla de un número infinito de mujeres, se habla de la belleza del joven, bueno, es el mejor jinete, es el mejor arquero, es el más hermoso de todos los hombres y le han ocultado los sufrimientos del mundo. Y luego sale un día, podemos imaginar un palacio rectangular, lo podemos imaginar de cuatro puertas, sale por una puerta y ve, no recuerdo bien, creo que lo primero que ve es un mendigo. Luego, a la semana, sale su coche por otra puerta y ve a un enfermo, y se pregunta..., o un anciano, sí, primero ve un anciano y luego un enfermo, y se pregunta ¿pero qué seres ratos son estos?, nunca he visto nada parecido. Y luego sale por la tercera puerta y ve que llevan a un hombre que parece dormido, que está corrompiéndose, ve este cadáver. Y luego hay otra salida y ve un hombre puro, un hombre casi resplandeciente, que es un monje que ha llegado a la verdad. Y alguien, no recuerdo, tantos años que he leído esta historia, bueno, alguien le dice que él puede ser esos cuatro hombres, es decir, él será un anciano, él será un enfermo, él será un muerto, pero puede también ser un santo y salvarse de todo eso. Entonces, él resuelve abandonar su palacio; es el momento en que da a luz su mujer. Ella ha dado a luz un hijo y está por besarlo, pero piensa que, si él lo besa, él va a quedarse. De modo que él se va y se va a meditar y medita debajo del árbol predestinado en cada ciclo de la historia para que a su sombra un hombre alcance el Nirvana, la salvación. Entonces hay el demonio, el demonio se llama Mara, creo. Curiosamente, en inglés antiguo, Mara también quiere decir demonio. Por ejemplo, tenemos la palabra nichtemare, nightmare, la pesadilla, el demonio de la noche. Y se sienta a meditar y entonces el demonio (...) (1)  ...y en flores, o en guirnaldas. Y él está sentado silencioso, inmóvil, y ese hombre inmóvil está combatiendo al demonio y llega al fin al Nirvana, creo que etimológicamente quiere decir extinción, es decir, llega a la sabiduría y no se ha movido de donde está, y ha derrotado las huestes demoníacas. Y luego se lava en un arroyo que está cerca y sale a predicar la ley. Y creo que la primera cosa que él dice es lo que el Señor Embajador acaba de leer, y luego sigue recorriendo la India y predicando. Y hay un momento en el cual él decide morir y entonces él muere en un lugar que ha sido prefijado también, ya que en todo este mundo hindú hay la idea de ciclos, pero no ciclos idénticos sino parecidos. Todo esto llegó a los estoicos, a los pitagóricos. Ellos se imaginaron ciclos idénticos, es decir, la historia se repite millones de veces y yo volveré a estar aquí tan gratamente acompañado con ustedes, y yo diré exactamente las mismas palabras y tendré en mi mano este bastón chino que tengo ahora. Pero parece que eso es una deformación de lo que se pensó en la India. Ahí se pensaba en ciclos no exactamente iguales sino ascendentes, en el alma que va mejorando de un ciclo a otro. La idea de ciclos idénticos es insensata. Fue un mal reflejo de las ideas de la India el que llegó a Grecia y el que después creyeron descubrir, entre tantos hombres, bueno... Nietzsche entre ellos lo llamó die ewige Wiederkunft, el eterno retorno. Fue uno de los últimos. Y hubo también Blanqui, un socialista francés, que tiene un libro hermosamente titulado La salvación por los astros, esa idea de que existe un número infinito de astros, y que en alguno de ellos se llega a esa etapa. Bueno, pues el Buddha predica su fe y luego sigue y es ahora, creo, la religión que cuenta con más adeptos en el mundo. Y creo que se ha dividido en dos escuelas, el Hinayana, el Pequeño Vehículo. En el Pequeño Vehículo se trata, creo, el Señor Embajador espero que me corrija, de un hombre que busca su salvación en un Pequeño Vehículo, el Hinayana; luego Mahayana, es el Gran Vehículo. Es un hombre que no solo quiere salvarse como lo hizo el Buddha sino que quiere salvar a los otros. Y podemos llegar al Nirvana no en esta encarnación sino en muchas otras, siempre ascendiendo. Pero ahora creo que he perdido demasiado tiempo de ustedes contando esto y me gustaría que el Señor Embajador nos dijera algo sobre su comprensión personal de esa hermosa palabra, esa hermosa idea de extinción, sobre el Nirvana. Creo que si uno llega al Nirvana, los actos de uno ya no proyectan un karma, es decir, una vez logrado el Nirvana uno puede obrar de cualquier modo, pero se entiende, que uno obra correctamente... pero si no, si uno proyecta un Nirvana o renace en otro cuerpo... Pero un rasgo curioso del budismo es que ya que cada vida humana está prefigurada por la vida anterior, hay que suponer un número estrictamente infinito de vidas pasadas, ya que si mi vida depende de mi vida anterior y esa de otra vida anterior y esa de otra, tenemos así una cadena cuyos eslabones son estrictamente infinitos. Y esto conviene con nuestra idea de que el tiempo no tiene principio y no tiene fin. Pero creo que, si uno llega al Nirvana ya no proyecta un karma y entonces uno cae fuera de lo que se ha llamado la Rueda de la Vida. Pero creo que he hablado demasiado, quisiera que ahora, el Señor Embajador nos hablara sobre su concepto del Nirvana, que se ha prestado a tantas discusiones.

EMBAJADOR MEHROTRA: Le agradezco, Borges, estas palabras. Entre otras cosas quiero mencionar que la manera de enseñar las verdades de la vida de Buddha era muy, muy sencilla. Siempre quería enseñar a los otros con anécdotas, con preguntas breves y respuestas muy breves. Quiero especialmente mencionar dos anécdotas de su libro, señor Borges, que están mencionadas en su libro Qué es el budismo. Una de estas es sobre el Sendero Medio y la otra, de resolución pacífica de todos los problemas del mundo, porque ambas cosas son muy relevantes para nosotros en este mundo. Sona, discípulo del Buddha se cansó de los rigores del ascetismo y resolvió volver a una vida de placeres. El Buddha le dijo: "¿No fuiste alguna vez diestro en el arte del laúd?" "Sí, Señor" dijo Sona. "Si las cuerdas están demasiado tensas, ¿dará el laúd el tono justo?" "No, señor." "Si están demasiado flojas, ¿dará el laúd el tono justo?" "No, Señor." "Si no están demasiado tensas ni demasiado flojas ¿estarán prontas para ser tocadas?" "Así es, Señor." "De igual modo, Sona, las fuerzas del alma demasiado tensas caen en el exceso y, demasiado flojas, en la molicie. Así pues, oh Sona, haz que tu espíritu sea un laúd bien templado."

ALIFANO: Yo le quería preguntar, Embajador, sobre el simbolismo del número seis en la India, porque el elefante, que entra por el lado derecho de la reina, cuando se engendra al Buddha, tiene seis colmillos. Además, el seis también se presenta con un simbolismo en norte, sur, este, oeste, arriba, abajo. Quería saber el simbolismo del número seis; creo que es muy importante que usted nos descifre eso.

EMBAJADOR MEHROTRA: Las játakas, que dan una idea de la vida de Buddha, están llenas de estos símbolos.

BORGES: Es la vida legendaria de Buddha, ¿no?

EMBAJADOR MEHROTRA: Sí, es la vida legendaria de Buddha. El seis es muy importante porque nuestra vida consta de seis cosas. Son el aire, el agua, el akni o el fuego, el éter, y también el agregado de todo esto. Y sobre esto, el elemento sexto es el intelecto. Y el alma, que es la séptima cosa, está más allá de estos, de la combinación de estos seis elementos. Y el elefante, que simboliza el nacimiento del Buddha, es el cuerpo de Buddha que tiene estos seis elementos y sobre esto, el espíritu que tiene el Buddha, que representa el Buddha mismo. Este es el simbolismo del seis.

BORGES: Yo sugiero que la gente haga preguntas.

PRESENTADORA: Yo creo que vamos a hacer ya la última pregunta puesto que nos estamos acercando a la hora de cierre, ¿no?; si no, podemos pasar aquí horas.

BORGES: Pero está la gente, alguien del público podría hacer una pregunta, y el mejor contesta, ¿qué le parece?

PRESENTADORA: ¿Alguien quiere hacer una pregunta?

BORGES: Tendrían que hacer seis preguntas de acuerdo con el esquema, ¿no?

[Risas]

ALGUIEN DEL PÚBLICO: Quiero hacer una pregunta a Borges. Quisiera preguntarle si hay una relación entre el budismo y Heráclito, creo que la hay.

ALIFANO: Aparecen en el mismo siglo.

BORGES: Sí, por lo pronto, son contemporáneos. Vendría a ser quinto siglo antes de la era cristiana. Y luego, la idea de Heráclito, por ejemplo, ver todo como un fuego, decir que el camino de abajo es el camino de arriba, todo eso me parece que hace juego, todo eso armoniza, con la idea de las transmigraciones, del karma; y aquello de no bajarás dos veces al mismo río también es la idea de cambio eterno de las cosas. Y creo que para la fe del Buddha el universo es menos algo que esté en el espacio que algo que se sucede en el tiempo. Debemos pensar en ese tiempo, como dije hace un rato, sin principio ni fin, es decir, cada uno de nosotros ha vivido estrictamente un número infinito de veces, esas vidas pueden haber sido de animales, de demonios, de ángeles, de otros seres humanos. Y creo que, para la fe del Buddha, se ve todo como un acontecer en el tiempo, es decir, el tiempo vendría a ser lo esencial; pero si uno alcanza el Nirvana, entonces uno cae fuera de esa rueda y ya no necesita reencarnarse otra vez. De modo que creo que, sin duda, tiene que haber un parecido entre el pensador de Éfeso y el pensador de Nepal, el Buddha, sí.

LA MISMA PERSONA: [Intervención inaudible]

BORGES: Es cierto, sí. La idea apremiante del tiempo como un niño que juega a los dados, y creo que en alguna, no sé en qué obra budista, es que se habla de los juegos de la divinidad. Esa divinidad que juega sería la historia universal o, mejor dicho, ya que la historia universal es algo angosto, el proceso cósmico entero en el cual estamos nosotros y este momento y cada uno de nosotros en este momento y esto seguirá infinitamente hasta que alguno de nosotros se libre mediante el Nirvana. Muchas gracias.

EMBAJADOR MEHROTRA: Puedo agregar que entre la enseñanza de Buddha y de Cristo hay mucho parecido. Por ejemplo, como dijo Cristo, un poco posteriormente, el Buddha dijo que el odio no puede nunca detener el odio; solo el amor puede detener el odio. Esta ley es antigua. Y Buddha también dijo: "Si en la batalla un hombre venciera a mil hombres y si otro se venciera a sí mismo, el mayor vencedor sería el segundo". Y un insensato oyó que el Buddha predicaba que debemos devolver el bien por el mal y fue y lo insultó. El Buddha guardó silencio. Cuando el otro acabo de insultarlo, le preguntó Buddha: "Hijo mió, si un hombre rechazara un regalo, ¿de quién será el regalo?" Y el otro respondió: "De quien quiso ofrecerlo." "Hijo mío", replicó el Buddha, "me has insultado, pero yo rechazo tu insulto y este queda contigo."

[Aplausos]

ALIFANO: Ahora, qué siglo interesante el siglo sexto, el siglo quinto antes de Cristo, Borges. Pitágoras, el Buddha, Chuang-Tzu, Lao Tse, Zenón de Elea..., el taoísmo en la China.

BORGES: La gente empieza a pensar, o a lo mejor lo habrán pensado antes, ¿no? Sí, es extraordinario ¿eh?

ALIFANO: A lo mejor los astrólogos algún día logran descifrar...

ALGUIEN DEL PÚBLICO: [Pregunta inaudible]

BORGES: Yo creo  como dije al principio— que la fe del Buddha propone una religión sin mitología, es decir, la de más fácil aceptación, o sea que exige de nosotros no una creencia en faunas, a veces inconcebibles como la Trinidad, por ejemplo; tampoco en un ser personal. Exige de nosotros algo más sencillo, pero quizá más esencial y más difícil. Una disciplina que se creía perdida ahora, que es la ética, y creo que eso es muy importante. Creo que yo puedo llegar a ser un buen budista siendo o tratando de ser un hombre justo.

[Aplausos]

EMBAJADOR MEHROTRA: Yo estoy totalmente de acuerdo en que la mayor contribución de Buddha es en términos de una vida ética. Muchas veces, Buddha, con mucho énfasis, dijo que para nosotros no es importante pensar qué es existencia, qué es no-existencia, qué es la vida después de nuestra vida en este mundo, cuál es el carácter del alma. Para Buddha lo único que importaba era una vida correcta, una vida ética, una vida que no daña a los otros por razones propias de una persona; una vida que estuviera basada en el altruismo. El Sendero Mahayana del budismo dice muy claramente que es mejor estar en el estado Bodhisattva que ser Buddha, porque el Bodhisattva tiene el poder de venir al mundo y servir a los humanos y a todas las criaturas para que no sufran. El mejor aporte del Buddha, por supuesto, es vivir una vida ética para otros, para todos los seres humanos y para todas las criaturas de este mundo. Que no hay que distinguir entre nosotros y los otros, que las distinciones son ilusorias. Y este es el mensaje de Buddha, el mensaje de síntesis, el mensaje de tolerancia, el mensaje de que la verdad es una cosa que nosotros siempre tenemos que seguir pero que también tenemos que buscar antes que seguirla. Este es el mensaje de Buddha, el mensaje central.

ALIFANO: Bueno, yo creo que hay muchas personas aquí que están con ganas de hacerle preguntas a Borges. Aquí el señor ha levantado la mano. A Borges o al señor Embajador Mehrotra.

ALGUIEN DEL PÚBLICO: [Pregunta inaudible]

ALIFANO: Las Cuatro Verdades, ¿no?, que llevan al Óctuple Sendero.

EMBAJADOR MEHROTRA: La concentración y la meditación.

ALIFANO: Bueno, ¿otra pregunta? En realidad, me dice Borges, esto no es una pregunta. El señor nos ha dado...

BORGES: Es una elocuente exposición, una hermosa exposición.

ALIFANO: A ver, acá la señora le hace una pregunta. ¿Qué diferencia hay entre el cristianismo y el budismo? Creo que oí... Borges...

BORGES: Bueno, el cristianismo exige de nosotros la creencia de que la divinidad quiso ser hombre, de que ese sacrificio de un dios puede salvamos a nosotros, es decir, exige muchas cosas a nuestra fe o a nuestra credulidad. Y el budismo no. El budismo, repito, es una ley ética, nada más. En cambio la idea de que Dios consta de tres personas, el Padre, el Hijo y el Espíritu, y de que el Hijo decidió condescender a la humanidad, de que vivió treinta y tres años, de que fue crucificado, de que ese sacrificio nos salva a todos, yo no sé si yo puedo creer en eso fácilmente, pero sí puedo creer que el hecho de ser un hombre ético puede salvarme. Creo que hay una gran diferencia. Bueno, en el caso del cristianismo tenemos una teología muy compleja y, para mí, difícilmente creíble o imposiblemente creíble. En cambio, en el caso del Buddha, si se exige de mí que sea un hombre ético, yo trato de serlo. Puedo recordar de paso que Robert Louis Stevenson creía, sin conocer mucho el budismo quizá, creía que todo el universo está regido por la ética; es decir, de igual modo que un ladrón, una prostituta, un rufián, saben que hay cosas que les están vedadas, así también, creía él, una abeja, un tigre, tal vez un árbol, saben que hay cosas que les están prohibidas. Y de hecho, yo creo que la ética es más bien un instinto. Si yo tuviera que definir qué acto es justo y qué acto es injusto, no sabría hacerlo. Pero cada vez que obro sé con certidumbre, una misteriosa certidumbre que está más allá de la lógica, sé si he obrado bien o mal. Es decir, creo tener un instinto ético y quizás, como cree Stevenson, todas las criaturas del mundo lo tengan también.

[Aplausos]

ALIFANO: Borges, le voy a hacer una pregunta yo. El Zen, ¿es una ramificación del budismo?

BORGES: Sí, es una ramificación. Creo que nace en la China y, ahora, en forma más extensa, en el Japón. Yo he conversado con sacerdotes de un monasterio Zen, en el Japón, y uno de ellos, un muchacho de unos treinta años, me dijo que él había llegado al Nirvana dos veces; que él no podía describírmelo, naturalmente, porque toda palabra presupone una experiencia compartida. Si yo le hablo de amarillo a un ciego de nacimiento, él no me entiende; si yo hablo [...] del mate en el Japón, no me entienden. Bueno, y el caso del Nirvana es una experiencia única también. Y él me dijo que él había llegado dos veces; que después de esa experiencia del Nirvana, que ocurrió fuera del tiempo, de modo que no puedo decir cuánto tiempo duró, medido, bueno, por los relojes de los hombres, que después de eso, cada vez que él seguía sintiendo el dolor físico, el placer físico, la paciencia, la impaciencia, el sueño, la vigilia, bueno, los diversos colores, todo, pero de un modo distinto. Y él podía hablar de eso con un compañero suyo, en un monasterio, en Nara pero que él no podía hablar conmigo porque yo no lo había compartido. Yo después, dice, he seguido sintiendo todo, de igual modo que el Buddha, después de llegar al Nirvana predica su ley. Bueno, dice, yo siento todo pero de un modo distinto, de un modo tan precioso como inexplicable. Me pareció una experiencia lindísima conversar con un hombre que había alcanzado dos veces el Nirvana.

ALIFANO: Borges, usted sabe que Basho fue un gran maestro del Zen. Yo recuerdo ahora una anécdota de Basho muy graciosa. Una vez el comento ante otras personas que... dijo esto: "Me he pasado la vida explicando el Zen y todavía no lo entiendo". Entonces, su interlocutor le dijo: "Pero maestro ¿cómo usted pudo explicar algo que no entendió?" Entonces Basho le respondió: "¿También quiere que le explique eso?"

[Risas]

ALIFANO: Muy ingenioso. ¿Sí, señorita?

ALGUIEN DEL PÚBLICO: [Pregunta inaudible]

ALIFANO: No se oye.

LA MISMA PERSONA: [Pregunta inaudible]

ALIFANO: No se oye.

PRESENTADORA: Párese...

ALIFANO: Bueno, la señorita dice que en el cristianismo se habla de un castigo. ¿Qué sucede en el budismo si no se cumple esa ley ética que propone Buddha?

BORGES: Bueno, supongo que uno reencarna en otro cuerpo y paga las culpas de la vida anterior. Ahora eso presupone un número infinito de vidas ya que, en cada vida, una persona nace en cierta casta, padece determinadas enfermedades, goza de determinadas dichas, de modo que tenemos una cadena infinita. Pero se entiende..., y sí, hay castigo, pero no como algo ordenado por un juez, sino como una cosa necesaria de la culpa y hay premio pero no como algo ordenado por alguien sino como algo, bueno, que surge orgánicamente, digamos. Si uno obra bien, uno es premiado; si uno obra mal, uno es castigado, pero eso no ha sido decidido por nadie; viene a ser como una especie de florecer orgánico de los vicios y de las virtudes.

ALGUIEN DEL PÚBLICO: Entonces si seguimos el camino de las reencarnaciones, nunca vamos a llegar a la perfección.

EMBAJADOR MEHROTRA: No, la perfección es el... (2)

EMBAJADOR MEHROTRA: Yo soy muy aficionado de las anécdotas de Buddha y voy a responder a esta pregunta con una anécdota que es muy relevante, si usted me permite. Un río separaba dos reinos; los agricultores lo utilizaban para regar sus campos, pero un año sobrevino una sequía y el agua no alcanzó para todos. Primero se pelearon a golpes y luego los reyes enviaron ejércitos para proteger a sus súbditos. La guerra era inminente. El Buddha se encaminó a la frontera, donde acampaban ambos ejércitos. "Decidme", dijo, dirigiéndose a los dos reyes, "¿qué vale más, el agua del río o la sangre de vuestros pueblos?" "No hay duda", contestaron los reyes, "la sangre de estos hombres vale más que el agua del río." "¡Oh, reyes insensatos", dijo el Buddha, "derramar lo más precioso para obtener aquello que vale mucho menos! Si emprendéis esta batalla, derramaréis la sangre de vuestra gente y no habréis aumentado el caudal del río en una sola gota". Los reyes, avergonzados, resolvieron ponerse de acuerdo de manera pacífica y repartir el agua. Poco después, llegaron las lluvias y hubo riego para todos.

[Aplausos]

ALIFANO: Magnífico. [A alguien que quiere hacer una pregunta]: Sí, señor.

ALGUIEN DEL PÚBLICO: Quisiera preguntar, para ver si estoy en lo cierto, si el budismo representa el advenimiento del elemento moral en la religión, tanto así como lo es en las Sagradas Escrituras. Entonces confirmaría al budismo como una religión básica, así como es el Judaísmo, el Cristianismo o las Sagradas Escrituras...

EMBAJADOR MEHROTRA: Yo entiendo como usted entiende, que el budismo se basa en el tema moral, pero esto no separa al budismo de otras religiones. Usted puede decir que el budismo es el denominador común de todas las religiones, porque no hay religión que diga que la vida tiene que ser inmoral. Por eso, el budismo no se separa de todas las otras religiones. El budismo quiere unir a todos los credos del mundo cuando dice que el tema moral es más básico que otros temas y que hay que buscar el camino que puede eliminar el sufrimiento de nuestra vida; hay que pensar en el origen del sufrimiento y decidirse a vivir una vida moralmente, de una manera moral. Y yo estoy seguro, que no hay credo en todo el mundo, ni judaísmo, ni cristianismo, ni islamismo ni otros que yo no conozco, que no dicen que la vida tiene que ser moral. Todas las religiones están de acuerdo sobre este tema. Y, por eso, el budismo nos une, no nos separa.

[Aplausos]

ALIFANO: Sí, aquí una señorita le quiere hacer una pregunta.

ALGUIEN DEL PÚBLICO: Yo quería preguntar, quería aclarar algo que me parece que quedo un poco oscuro. Y es el concepto de Nirvana  y el mismo Borges le pidió al Embajador que aclarara: Porque Nirvana no es una iluminación, porque lo que el monje budista zen consiguió alcanzar dos veces fue el satori, que era la Iluminación. El Nirvana se alcanza sólo después de muerto.

BORGES: No, no no, no... se alcanza en vida, el Buddha lo alcanzó en vida y predicó después. No se alcanza después de la muerte. Eso es un error. Yo conversé con ese monje..., dos veces...

EMBAJADOR MEHROTRA: El error está en pensar que el Nirvana se alcanza después de la muerte. El Nirvana es la aniquilación total del anhelo, del deseo. Y usted tiene que buscar este estado de Nirvana en una vida, y hasta que usted no lo alcanza, usted está en el ciclo del nacimiento y de la muerte.

LA MISMA PERSONA: Bueno, pero el Nirvana libera de este ciclo, ya no hay que renacer más.

EMBAJADOR MEHROTRA: Sí, hasta que usted no consigue el Nirvana, usted está en el ciclo, continúa.

BORGES: Usted lo consigue en vida, no después de muerto. Lo consigue viviendo. Y el caso del Buddha sería el ejemplo clásico; él logra el Nirvana bajo el árbol y luego predica su ley.

LA MISMA PERSONA: ...el Nirvana lo obtuvo cuando murió y lo que obtiene en vida es...

EMBAJADOR MEHROTRA: No, no, no, el Buddha lo logra en una vida, en su vida.

BORGES: Y sigue viviendo y predicando.

EMBAJADOR MEHROTRA: Sigue viviendo

BORGES: y predicando. 

EMBAJADOR MEHROTRA: y predicando. Y es importante entender, ¿por qué el Nirvana no es perfección? ¿Por qué el ciclo del nacimiento y la muerte? ¿Por qué esto? ¿Por qué la transmigración? Y si hay trasmigración, el espíritu nunca tiene la posibilidad de lograr perfección. Pero, en nuestro pensamiento, la perfección consiste solo en conocer el espíritu mismo. La perfección no hay otra cosa. La perfección no es la perfección de sus facultades materiales; la perfección no consiste en escuchar mejor o en hablar mejor o en tener mejores sensaciones o en lograr mejores placeres del mundo o en hacer mejores bombas atómicas o en hacer mejores vuelos en el espacio. La perfección, en nuestro pensamiento, consiste en conocerse a si mismo. Esto es la perfección. Y, por eso, en el pensamiento de Buddha, la perfección consiste en aniquilar el deseo que se interpone entre nosotros y la perfección del espíritu. Por eso esta perfección que se llama Nirvana.

[Aplausos]

BORGES: Podemos proponer tres preguntas más, ¿qué le parece?, y concluimos así.

ALIFANO: Bueno, le vamos a pedir a ustedes, dado el calor que hace, que formulen tres preguntas más... La señorita ya le va a formular al Señor Embajador o a Borges una pregunta.

BORGES: Tres, ¿eh?

PRESENTADORA: Tres, sí. Una de las preguntas.

ALGUIEN DEL PÚBLICO: Bueno, habiendo conocido a Borges y habiendo leído su obra, me parece que es un hombre que se conoce mucho a sí mismo. Quería preguntarle, ¿usted llegó al Nirvana?

BORGES: No, caramba, y lo siento mucho. Sin embargo, dos veces en mi vida me sentí fuera del tiempo. No sé cuánto duró aquello ya que estaba fuera del tiempo. Pero dos veces en mi vida, después de experiencias más bien angustiosas... Primero pensé intelectualmente "eso no vale nada" y luego lo sentí "eso vale algo". ¿Qué puede importarme a mí lo que le haya sucedido a un poeta sudamericano llamado Borges, en el siglo xx? Yo me vi desde afuera y estuve, durante un espacio, fuera del tiempo. Pero, ciertamente, esto no es el Nirvana, es una modesta simulación del Nirvana, nada más. Bueno, muchas gracias. Quedan dos preguntas más.

EMBAJADOR MEHROTRA: Yo quiero decir lo que yo conozco del señor Borges. Puedo decir que, si no ha logrado el Nirvana, está muy cerca del Nirvana.

[Aplausos]

ALIFANO: Hay una mano, Borges. Quedan dos preguntas más.

BORGES: Quedan dos preguntas.

ALIFANO: A ver... Sí. 

ALGUIEN DEL PÚBLICO: Yo quisiera saber si, según la doctrina budista, la vida intelectual que quiere llevar el budismo lleva a un dominio de la vida material, como hay ciertos monjes tibetanos que dicen que pueden producir levitación, o sea, el control directo de la vida material por la vida espiritual... ¿Implica el budismo, entiende que hay una posibilidad de la vida espiritual de manejar directamente la vida material de esta forma? ¿Hay algún tipo de forma?

BORGES: Usted se refiere a virtudes mágicas, supongo que sí, pero yo no las he conseguido. Un amigo mió, Xul, decía que sí, que él las poseía... Jamás usó de ellas en mi presencia, pero sí...

ALIFANO: Bueno, nuestro amigo Guillermo Juárez, editor de los poemas de Walt Whitman traducidos por usted, le quiere formular una pregunta.

GUILLERMO JUÁREZ: La pregunta la va a formular Luisa Mercedes Levinson.

BORGES: Ah, bueno, muy gentil.

LUISA MERCEDES LEVINSON: Yo quería que esbozara, pero creo que no hay tiempo, una comparación entre el Budismo y el Tao.

ALIFANO: Sí, Luisa Mercedes Levinson le hace esta pregunta, Borges.

BORGES: Supongo que el Tao y el camino del Buddha son lo mismo, ¿no?, ya que Tao significa camino; supongo que esencialmente son iguales. Pero, yo no puedo hablar con mayor autoridad, pero creo que el Embajador puede contestar. Pero supongo que esencialmente son lo mismo, el Tao, el Camino, y el Nirvana.

EMBAJADOR MEHROTRA: Convengo con el señor Borges que la enseñanza de Lao Tse y el taoísmo es algo muy parecido al budismo. Porque el camino que enseñaba Lao Tse también es el camino ético, y la base de Tao es también, básicamente, una distinción entre purusha y prakriti, entre lo espiritual y lo material, como en el caso de Buddha. Y hay muchos elementos iguales en el pensamiento de Lao Tse y del Buddha, que son contemporáneos también. Es una maravilla que en la China y en la India, en el mismo tiempo, haya dos personalidades que pensaban de una manera similar.

BORGES: ¿No hay más preguntas?

EMBAJADOR MEHROTRA: Y por eso fue que el budismo fue muy aceptado cuando pasó de la India a China, y antes de la llegada del comunismo y el socialismo a China, casi trescientos cincuenta millones de habitantes de China seguían el camino de Buddha.

ALIFANO: Bueno, ¿una pregunta más? ¿Alguien quiere hacerla? Señorita, tendría que hacer dos preguntas, cuatro es mal agüero.

BORGES: Sí, cuatro es mal agüero. No, dos tienen que ser.

ALIFANO: Como Borges estuvo en Japón hace unos años.

BORGES: Sí, quedé contaminado de la superstición... Quedan dos, entonces, el cinco es una buena cifra, sí.

ALGUIEN DEL PÚBLICO: Ya que hablamos de Japón, ¿qué relación cree que hay entre el budismo y el shinto?

BORGES: Bueno, ante todo, quiero repetir que la fe del Buddha no es fanática. El Emperador en Japón, por ejemplo, profesa el shinto y el budismo, y creo que el budismo no excluye a ninguna religión. Y tenemos el caso, el gran caso de Ashoka, en la India, pero sobre Ashoka el Embajador puede hablar mucho mejor que yo.

EMBAJADOR MEHROTRA: Yo no sé cuál es la diferencia entre el budismo y el shintoismo, pero sé que ambos conviven muy bien en Japón. Y la razón es que...

BORGES: Sí, que la misma persona puede ser shintoísta y budista. 

EMBAJADOR MEHROTRA: Sí, y la misma persona puede ser shintoísta y budista, no hay un conflicto. Decía Buddha siempre, siempre y siempre, muchas veces, que él no tenía ninguna teoría, porque el budismo, la enseñanza de Buddha, yo prefiero no decir budismo sino la enseñanza de Buddha, porque el budismo es lo institucionalizado. Buddha siempre pensaba en la auto-confianza del espíritu humano; que no hay que basar su fe en algo que existe fuera del hombre, que hay que desarrollar un poder que surge de sí mismo, poder de racionalismo, de pensamiento, de argumento, de entender lo que es el origen de nuestro sufrimiento. ¿Cómo eliminar el sufrimiento de nuestra vida y de la vida de otros? Esta es la pregunta central que formuló Buddha y no dio, casi no dio, la respuesta. Dejó a todos los otros dar la respuesta; que todos nosotros tenemos que concentramos, meditar, entender, preguntar qué es la vida y cómo eliminar el sufrimiento nuestro y de otros. Y por eso, Buddha dijo que no tenía teorías; por eso un budista y el budismo siempre pueden convivir con otros. Por ejemplo, yo soy un hindú, pero siempre adoro a Buddha como una divinidad nuestra. Porque el Buddha era tan tolerante que para él no había ninguna diferencia entre un credo y otro; él quería dar solo un credo que es el credo de pensamiento en que es el origen del sufrimiento y cómo eliminar el sufrimiento, la causa del sufrimiento, que la causa del sufrimiento es el anhelo o ambición, y el camino que nos guía hacia la eliminación del anhelo de esta causa del sufrimiento. Y el camino tiene que ser ético, no es necesario tener fe en un dios o en varios dioses, no es necesario tener fe en el espíritu que existe fuera de nosotros. Sólo es necesario pensar con nuestro intelecto, pero más allá del intelecto, cuál es el origen, como él dijo, el ciclo de esa causa y efecto, causa y efecto, causa y efecto, para determinar la causa. Eso es el sendero de Buddha que convive con todos.

[Aplausos]

ALIFANO: Queda una última pregunta que le va a formular una señorita que está frente a nosotros, Borges.

ALGUIEN DEL PÚBLICO: Me gustaría, si es posible, que Borges nos relatara una experiencia personal sobre conocimiento de sí mismo.

BORGES: Esas dos experiencias que tuve son inefables, yo no puedo comunicarlas. Sé que me sentí muy feliz y las recuerdo ahora con nostalgia, como algo ocurrido a otro. Eso es todo. Yo creo  y esto lo agrego ahora— que la felicidad no es difícil. Creo que todos debemos haber sido muchas veces desdichados y, alguna vez, felices, y todavía ser lo que pensó Joyce cuando escribió el Ulysses. El lugar: trasladar las reacciones de Ulises, el tenerlas: un solo día de Bloom y Stephen, y eso basta. Y en ese día están todas las experiencias posibles. Yo creo que la felicidad y la belleza, y la transmisión del pensamiento no son hechos excepcionales, yo creo que se dan continuamente; por ejemplo, ahora, creo que todos sentimos que estamos de acuerdo en algo esencial; todos sentimos que hemos compartido esta tarde, que esta tarde ha sido, gracias a cada uno de nosotros, una hermosa experiencia y hasta sentiremos nostalgia de ella. Es decir, y creo que la belleza es común también; es absurdo suponer que la belleza es sólo algo que han logrado algunos espíritus, algo solo logrado, no sé, por Shakespeare, por Dante, por Hugo. Yo creo que no. Creo que continuamente la gente alcanza la belleza. Creo que si se perdieran todos los libros, bueno, volveríamos a reescribirlos. Es decir, creo que la belleza y la felicidad son hechos comunes y cada día, bueno, hemos estado quizá muchas veces en el infierno pero alguna vez en el cielo también. Muchísimas gracias.

[Aplausos]

PRESENTADORA: Quisiera finalizar este diálogo entre Borges y el budismo como una contribución de esta Oficina de las Naciones Unidas en el marco de cooperación internacional de carácter cultural, que es uno de los principios fundamentales de esta casa y de la organización mundial. No me queda más, para recordar esta noche histórica en esta casa de las Naciones Unidas, que agradecerle a Borges el habernos acompañado, a su Excelencia el Embajador de la India, Señor Mehrotra, y a nuestro amigo Roberto Alifano y a todos y cada uno de ustedes que han compartido estas lindas horas con nosotros. Muchas gracias.


(1) Salto (aparentemente mínimo) debido a un cambio de cinta magnética. Puede leerse una versión detallada de esta historia en Qué es el Budismo, OCC: 723-724.

(2) Salto por cambio de cinta.


En: Borges Center, USA
Imagen: Jorge Luis Borges en la BNA - Foto Archivo BNA

12/7/18

Jorge Luis Borges-Osvaldo Ferrari: Sobre la conjetura ("En diálogo", I, 24)








Osvaldo Ferrari: Hay un género, Borges, que usted ha producido. Se trata de un género a la vez literario y filosófico, y creo que usted lo ve como aquel que puede permitirse el hombre al pensar, y no ir más lejos. Ese género es la conjetura. Lo vemos en sus poemas, en su pensamiento, en sus cuentos; usted siempre dice quizá, tal vez, o usa otras maneras para expresar la conjetura.
Jorge Luis Borges: Sí, es verdad, yo no tengo ninguna certidumbre, ni siquiera la certidumbre de la incertidumbre. De modo que creo que todo pensamiento es… bueno conjetural. Sobre todo en el caso de un cuento, digamos. Yo le dije en otra conversación que a mí me son revelados el principio y el fin del cuento, el punto de partida y la meta. Pero luego, todo lo que sucede entre esos dos términos es conjetural: yo tengo que averiguar qué época conviene, qué estilo conviene; y creo que lo mejor es intervenir lo menos posible en lo que uno escribe. Yo trato de que mis opiniones no intervengan, trato... bueno, ya teorías estéticas no tengo; trato de que mis teorías no intervengan tampoco. Porque creo que cada tema exige su retórica, y así yo estaba bastante insatisfecho del estilo de «Las ruinas circulares» pero hay amigos míos que me han dicho que ese estilo barroco es el que ese tema exigía. Y yo diría que cada tema exige su retórica y también desea ser contado en primera persona, bueno, necesita ocurrir en tal época, en tal país; todo eso es dado por el tema. Y mejor es esperar, después de esa primera revelación que me da el principio de una fábula y el fin vendrán otras que me dirán si eso ocurrió, digamos, a fines del siglo XIX o en un vago Oriente de Las mil y una noches. Ahora, yo en general prefiero los últimos años del siglo XIX, y prefiero lugares que queden un poco lejos, no sólo en el tiempo sino en el espacio, porque de esa manera yo puedo inventar, puedo imaginar en libertad. En cambio, lo contemporáneo ata. Además, la antigua tradición de la literatura es ésa: nadie supone que Homero hubiera militado en el sitio de Troya: se entiende que todo ocurre después. Y como el pasado es tan modificable; contrariamente a lo que se dice respecto de que no puede modificarse el pasado, yo creo que cada vez que recordamos el pasado lo modificamos, ya que nuestra memoria es falible. Y esa modificación puede ser benéfica.
Entonces, el pasado sería…
—El pasado es plástico, yo creo, y el futuro también. En cambio, el presente desgraciadamente no lo es; si yo siento un dolor físico, es inútil que trate de pensar que no lo siento porque ahí está el dolor, ¿no? O si yo siento una nostalgia de una persona, también estoy sintiéndola en el presente. Pero ¿qué puede saber uno sobre el pasado, sobre su propio pasado? Yo puedo imaginarme, quizá, que los años de mi adolescencia en Europa fueron dolorosos. La prueba está en que alguna vez, como todos los jóvenes, pensé en el suicidio —creo que todos los jóvenes han pensado en eso alguna vez, ¿eh?, todos han pronunciado el monólogo de Hamlet: «To be or not to be» (ser o no ser)— sin embargo, yo recuerdo aquellos años como si hubieran sido años muy felices, aunque me consta que no lo fueron; pero no importa: ha pasado tanto tiempo —el pasado es tan plástico— que yo puedo modificarlo. Y, ¿qué es la historia sino nuestra imagen de la historia? Esa imagen siempre mejora; es decir, propende a la mitología, a la leyenda. Además, cada país tiene su mitología privada; la historia de cada país es una cariñosa mitología, que quizá no se parezca en nada a la realidad. Es muy difícil que el presente sea siempre grato.
Entonces el pasado y el futuro serían conjeturales.
—Sí, yo creo que sí, pero quizá sea más fácil modificar el pasado que el futuro, porque el futuro uno suele pensarlo…, «bueno, es probable que ocurra tal cosa», «no, hay tales factores que se oponen». Pero el pasado, sobre todo un pasado un poco lejano, es una materia muy, muy dócil. Bueno, es que a la larga todo es materia para el arte. Sobre todo la desdicha. La felicidad no, la felicidad ya tiene su fin en sí misma; por eso casi no hay poetas de la felicidad. Aunque, bueno, Jorge Guillén, creo que fue un poeta de la felicidad. Whitman menos, porque en Whitman uno siente que él se impuso la felicidad como deber de un americano, y la felicidad no es eso, la felicidad tiene que ser espontánea, ¿no? En cambio, en el caso de Guillén, creo que uno siente la felicidad en los versos de él: «Y todo en el aire es pájaro». Eso podría ser una pesadilla: «Todo en el aire es pájaro», pero dicho por él no lo es: se parece a una felicidad. En cambio, la desdicha, la elegía, dan impresión de ser fáciles, de ser naturales.
Ahora, además de la conjetura, hay otro elemento significativo
—Es que la conjetura es general; por ejemplo, lógicamente no es imposible que el solipsismo sea cierto: lógicamente, quizá yo sea el único soñador, y yo he soñado toda la historia universal —todo el pasado, todo mi propio pasado—; quizá yo empiece a existir en este momento. Pero en este momento ya recuerdo que nos hemos reunido hace un cuarto de hora, un cuarto de hora creado por mí ahora —bueno, eso es posible: es posible que exista yo y mi presente, es lógicamente posible, nada más—. No para la imaginación, sería terrible imaginar eso. Además, uno percibe que más allá de los datos de los sentidos siente la presencia de otro. Por eso la filosofía de Locke es falsa: dice que debemos nuestro conocimiento a los sentidos; no, creo que además de los sentidos uno siente que hay otro, que hay otra cosa —y uno siente sobre todo, hostilidad, indiferencia, amor, amistad, adversidad—. Esas cosas se sienten más allá de los sentidos, creo.
Cierto. La conjetura es lícita, según su pensamiento; pero hay otro aspecto, que yo no sé si se ha desarrollado en los últimos años, o tiene mucho más tiempo del que pienso, y es el de que usted cree que los poemas, o los cuentos, o los pensamientos, nos son dados…
—Yo creo que no hay ninguna duda sobre eso. Además, es la idea inicial, es la idea, por ejemplo, de la musa; la musa dicta sus poemas al poeta, el poeta es el amanuense de la musa. Los hebreos pensaban en el espíritu, que dicta, bueno, los diversos libros de la Biblia a diversos amanuenses, en diversas épocas y diversas regiones del mundo. Pero todo eso es obra del espíritu.
Claro, pero curiosamente, ese pensamiento suyo de lo que nos es dado al crear, es un pensamiento —y yo sé que la palabra le va a parecer excesiva— invariablemente místico.
—Es que tiene que ser místico, porque físico no puede ser, y lógico tampoco. Esa idea de Poe respecto a que la obra estética es una obra intelectual, es una boutade de Poe, es una broma. Él no podía creer eso; ninguna persona se sienta a escribir un poema y lo hace a fuerza de razonamientos. Hay siempre algo que se le escapa. Bueno, Poe da una serie de razonamientos que, según él, lo llevaron a escribir El cuervo. Pero siempre, entre cada eslabón hay como una especie de intervalo de sombra, o algo que exige otros eslabones. Por eso, lo que él dijo no explica nada: él pudo reducir El cuervo a una serie de razonamientos, pero entre cada uno de los eslabones de ese razonamiento hay algo que no se aclara, que se debe... y, a la inspiración, digamos, a lo secreto. Ahora, ese secreto puede ser externo o puede ser el de nuestra memoria. Yeats creía en «La gran memoria»; creía que todo hombre hereda la memoria de sus mayores. Sus mayores, claro, van creciendo geométricamente: dos padres, cuatro abuelos, tantos bisabuelos, y así hasta abarcar el género humano. Él pensaba que en todo hombre convergen, digamos, esos virtualmente infinitos antepasados, de modo que no es necesario que un escritor tenga muchas experiencias personales, ya que todas están allí: cada uno dispone de ese secreto receptáculo de memorias, y con eso basta para la creación literaria.
Quiere decir que cuando a veces nos dicen, por ejemplo, que Elizabeth Browning era una poeta de inspiración mística, puede ser lícita esa expresión.
—¡Ah sí!, indudablemente, quizá podría aplicarse eso a todos los poetas, además; porque yo no concibo al poeta como un mero intelectual.
Naturalmente.
—Ahora, claro que hay escritores que sienten lo intelectual de un modo estético. Para mí, el mejor ejemplo de poeta intelectual sería Emerson, ya que Emerson no sólo es intelectual, sino bueno, él pensaba continuamente. En cambio, el caso de otros poetas intelectuales… No sé si lo son realmente. Bueno, Robert Frost lo sería, Emerson también.
Quizá Valéry.
—Es que en el caso de Valéry, uno observa que más bien lo impresiona el mundo externo, pero las ideas no, las ideas son vulgares; son imágenes más que ideas. Pero eso, en fin, cada lector tiene que resolverlo por su cuenta. A mí Valéry no me ha impresionado como poeta intelectual; pero como poeta sí, indudablemente. Uno de sus poemas define exactamente lo que es saborear una fruta, y sentir cómo esa fruta se funde en goce.
Quizá se asocie a Valéry con una visión intelectual por su vinculación a las matemáticas.
—Sí, eso sí.
Pero, entonces, tenemos por un lado la conjetura, por otro lo místico, y hay un tercer aspecto que me interesa…
—Y es que no solamente habrá un tercero, sino miles, supongo yo. ¿Pero cuál le interesa en este momento, Ferrari?
El que usted refleja a través de sus viajes —al volver de ellos y antes de partir—, y es que, a pesar del tiempo, no declina su amor por la vida, que es lo más propio del poeta, a mi manera de ver.
—Sí, yo creo que si uno fuera un poeta sentiría cada momento como poético. Es decir, uno viviría amando la vida, y al decir amando la vida, uno tendría que amar también las desdichas, los fracasos, las soledades. Todo eso es como el material para el poeta, sin el cual él no podría componer, y no se sentiría justificado. Porque yo... a mí no me gusta lo que yo escribo, pero si no escribo o si no estoy componiendo algo, siento que no soy leal a mi destino. Mi destino es precisamente el de conjeturar, el de soñar, y eventualmente el de escribir, y muy eventualmente el de publicar; eso es lo menos importante. Pero yo tengo que vivir en continua actividad, o tengo que creer que vivo en continua actividad imaginativa y, si es posible, racional también, pero, sobre todo imaginativa. Es decir, tengo que estar soñando todo el tiempo, tengo que vivir proyectado hacia el futuro. Me parece enfermizo pensar en el pasado, aunque el pasado puede depararnos la elegía también —que no es un género desdeñable—. Pero, en general, yo trato de olvidarme de lo que he escrito, porque si yo releyera lo que he escrito me sentiría descorazonado. En cambio, si vivo hacia adelante, si olvido lo que he escrito, desde luego, puedo repetirme, pero sigo viviendo; me siento justificado. De lo contrario, me siento perdido (ríe).
Yo creo que si usted releyera lo que ha escrito no ocurriría eso…
—Sí, pero es un experimento peligroso, mejor es no intentarlo, ¿eh? El resultado puede ser una obligación de silencio, ¿no?, un llamado al silencio.
En todo caso, quizá descubriría que su amor por la vida también ha sido una constante, aunque usted no lo haya advertido.
—Bueno, eso es una conjetura, una generosa conjetura suya.
La última, la última conjetura en esta conversación de hoy.
—¡Ah!, muy bien, ya continuaremos hablando de otros temas.
Ya continuaremos.



Título original: En diálogo (edición definitiva 1998)  
Jorge Luis Borges & Osvaldo Ferrari, 1985 
 Prefacio: Jaime Labastida 
Prólogos: Jorge Luis Borges (1985) & Osvaldo Ferrari (1998)

Imagen: Busto de Borges por Gérard Lartigue Vía


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