21/3/17

Esteban Peicovich: De cómo su madre evitó que Borges empedrara una calle del siglo pasado






Soy tan poco observador que cuando mi madre vivía le solicitaba detalles circunstanciales. Porque ahora se esperan detalles circunstanciales. Vamos a suponer que en un cuento describía un conventillo y alguien debía atravesar el patio. Podía haber flores. Entonces le preguntaba a mi madre qué tipo de flores podían existir en un conventillo. Y mi madre me las mostraba y yo las ponía, porque no me detengo en esas cosas. En otra oportunidad, como me gustaba situar todo en el pasado para estar más libre, le preguntaba cómo era tal calle. Me acuerdo de que un día estaba dictándole un cuento sobre Rosas y hablaba de los cascos de los caballos. “¿Sobre el empedrado? –preguntó mi madre– ¡Pero, estás loco!” Y yo le había dictado empedrado por no decir asfalto. “Bueno –señaló mi madre–, que yo recuerde, en esa época, todas las calles de Buenos Aires eran de tierra, salvo Florida y Perú, que estaban empedradas...” Y ella me evitó cometer esa gaffe de querer empedrar la calle Suipacha en tiempos de Rosas.






En Esteban Peicovich: El palabrista. Borges. Visto y oído
Buenos Aires, Editorial Marea, 2006
Foto arriba: Borges y Peicovich (sin atribución) vía El palabrero

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