16/2/17

Jorge Luis Borges: Alusión a una sombra de mil ochocientos noventa y tantos







    Nada. Sólo el cuchillo de Muraña.
    Sólo en la tarde gris la historia trunca.
    No sé por qué en las tardes me acompaña
    este asesino que no he visto nunca.
    Palermo era más bajo. El amarillo
    paredón de la cárcel dominaba
    arrabal y barrial. Por esa brava
    región anduvo el sórdido cuchillo.
    El cuchillo. La cara se ha borrado
    y de aquel mercenario cuyo austero
    oficio era el coraje, no ha quedado
    más que una sombra y un fulgor de acero.
    Que el tiempo, que los mármoles empaña,
    salve este firme nombre, Juan Muraña.


    En El hacedor (1960)
       Infografía de Jaime Serra: La Buenos Aires que Borges amó, Anuario Clarín, 1998
     
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