13/11/15

Daniel Balderston: Introducción a "El precursor velado: R. L. Stevenson en la obra de Borges"






Me gustan los relojes de arena, los mapas, la tipografía del siglo XVIII, las etimologías, el sabor del café y la prosa de Stevenson...(OC, 808). [1]
 A lo largo de los años Borges ha desconcertado a sus críticos al insistir en la importancia que tienen para él escritores como Stevenson, Wells, Chesterton y Kipling, y más aún al declarar que toda su obra deriva de estos y otros escritores.[2] George Steiner comenta: "Los escritores para él más significativos, que sirven casi de máscaras alternativas de su propia persona, son De Quincey, Stevenson, Chesterton y Kipling. Sin duda éstos son maestros, pero de carácter tangencial",[3] mientras que William Gass ridiculiza a Borges por "un gusto que sigue siendo adolescente, un gusto apaciguado en un rincón tranquilo, y una mente seriamente interesada en ciertas formas dudosas o inmaduras, formas que deben ser superadas, no meramente utilizadas",[4] como los cuentos fantásticos, las novelas de aventuras y los relatos policiales. Lo extraño de estos comentarios es que, en lugar de entender por qué Borges está "seriamente interesado" en tales escritores y sus invenciones, los críticos mencionados lamentan que no se ocupe de lo que a ellos les interesa. El juego crítico, desarrollado en numerosas entrevistas de años recientes, y al que Borges accedió con perverso deleite, es preguntarle qué piensa de Larra, Austen o Mann, con previsibles (y a menudo deleitables) réplicas de Borges.[5] Sin embargo, es razonable preguntarse si no sería más provechoso que la atención de la crítica se dirigiera a entender por qué Borges se interesa en los que él declara sus precursores, y de qué manera las lecturas que hizo de ellos influyeron en sus escritos. Al hacerlo cabría esperar que se llegara a un conocimiento más profundo de la inteligencia crítica y creativa de Borges, y la perspicacia con que se refiere a sus precursores podría ayudarnos a recuperar o revelar aspectos de las obras de aquellos autores que han escapado a la atención de los críticos.
En la misma entrevista en que Borges manifiesta su falta de interés por una larga serie de escritores del siglo XIX y modernos, un nombre reaparece insistentemente como el de su maestro: Robert Louis Stevenson. Primero lo menciona entre los modelos de Historia universal de la infamia (OC, 239), y luego lo considera como "cierto amigo muy querido que la literatura me ha dado" en el prólogo a Elogio de la sombra (OC, 975). El famoso catálogo de cosas predilectas en "Borges y yo" incluye una sola referencia literaria y es a la prosa de Stevenson. El nombre de Stevenson, pues, funciona para Borges como criterio de cualidad literaria y talismán personal.
Esta doble cualidad que Borges le atribuye a Stevenson —a la vez maestro literario y "amigo personal"— en ninguna parte está mejor representada que en su Introducción a la literatura inglesa, que incluye uno de los pocos pasajes extensos[6] que Borges ha dedicado al escritor escocés:

La breve y valerosa vida del escocés Robert Louis Stevenson (1850-94) fue una lucha contra la tuberculosis, que lo persiguió de Edimburgo a Londres, de Londres al sur de Francia, de Francia a California, y de California a una isla del Pacífico, donde, al fin, lo alcanzó. Pese a tal asechanza, o tal vez urgido por ella, ha dejado una obra importante que no contiene una sola página descuidada y sí muchas espléndidas. Uno de sus primeros libros, las Nuevas mil y una noches, anticipa la visión de un Londres fantástico, y fue redescubierto mucho después por su fervoroso biógrafo Chesterton. Esta serie incluye la historia de El Club de los suicidas. En 1886 publicó El extraño caso del doctor Jekyll y del señor Hyde; debe observarse que esta breve novela fue leída como si fuera un relato policial y que la revelación de que los dos protagonistas eran realmente uno tiene que haber sido asombrosa. La escena de la transformación le fue dada a Stevenson por un sueño. La teoría y la práctica del estilo lo preocuparon siempre; escribió que el verso consiste en satisfacer una expectativa en forma directa y la prosa en resolverla de un modo inesperado y grato. Sus ensayos y cuentos son admirables; de los primeros citaremos Pulvis et Umbra; de los segundos Markheim, que narra la historia de un crimen. De sus extraordinarias novelas solo recordaremos tres: La resaca, El señor de Ballantrae, cuyo tema es el odio de dos hermanos, y Weir of Hermiston, que ha quedado inconclusa. En su poesía alterna el inglés literario con el habla escocesa. Como a Kipling, la circunstancia de haber escrito para niños ha disminuido acaso su fama. La isla del tesoro ha hecho olvidar al ensayista, al novelista y al poeta. Stevenson es una de las figuras más queribles y más heroicas de la literatura inglesa (OC, 845).[7]

Nótese el tono laudatorio: la vida de Stevenson fue heroica, merecedora del fervor de Chesterton (y del nuestro), mientras que su obra fue extraordinaria, asombrosa, admirable.
En este breve resumen de la vida de Stevenson, Borges distorsiona sutilmente la relación entre sus viajes y su enfermedad,[8] haciendo que los viajes parezcan el esfuerzo heroico y desesperado de un hombre que lucha incesantemente por arrebatarle tiempo a la muerte (una suerte de versión decimonónica escocesa de Jaromir Hladík). La muerte de Stevenson en Samoa se convierte, pues, en la culminación de su vida y la confirmación de su leyenda como héroe literario, una idea que también se encuentra en los versos que Borges dirige a Stevenson en su poema "Blind Pew":

A ti también, en otras playas de oro,
te aguarda incorruptible tu tesoro:
la vasta y vaga y necesaria muerte (OC, 826).

Así alcanza Stevenson, con su vida y su muerte, la categoría de mito.
Entre las obras de Stevenson, Borges destaca los relatos de índole policial, señalando que Treasure Island ha dado la imagen de un escritor para niños en vez de un novelista y ensayista serio,[9] imagen que Borges considera más apropiada. (Stevenson hubiera objetado esta dicotomía, como después veremos). Borges atribuye a Stevenson la invención de un "Londres fantástico"[10] que más tarde encontraremos en Chesterton. El adjetivo fantástico sugiere que el tercer miembro de la serie es el propio Borges, un autor siempre consciente de haber creado a sus precursores.
La creación de sus precursores (comentada en los ensayos sobre Kafka y Hawthorne), el infinito juego de los espejos enfrentados, lo confirma un pequeño detalle de su Introducción a la literatura inglesa. La frase que Borges atribuye al ensayo de Stevenson sobre el estilo, "que el verso consiste en satisfacer una expectativa en forma directa y la prosa en resolverla de un modo inesperado y grato", es una adecuada síntesis de varias ideas expresadas en el ensayo de Stevenson,[11] pero textualmente se asemeja más a una frase de uno de los primeros ensayos de Borges. "La simulación de la imagen", en el que se refiere a "el verso, juego de satisfacer una expectativa, la prosa, juego de chasquearla infinitamente".[12] Al citar a Stevenson, Borges se cita a sí mismo citando a Stevenson. El precursor es distanciado y velado por medio de la alusión. La infinita serie de citas dentro de citas en que todos los originales se pierden (el texto de Borges): un nuevo avatar de la paradoja de Zenón.


Notas

[1] OC significa Obras completas de Borges, Buenos Aires, Emecé, 1974.
[2] Véase entrevista de Irby, incluida como apéndice en "The Structure of the Stories of Jorge Luis Borges" (La estructura de los cuentos de Jorge Luis Borges), tesis doctoral, University of Michigan, 1962, pág. 314, también publicada en Irby, Murat y Peralta: Encuentro con Borges, Buenos Aires, Galerna, 1968.
[3] G. Steiner, "Tigers in the Mirror", The New Yorker 46:18 (20 de Junio de 1970), pág. 116. También incluido en Jaime Alazraki: JorgeLuis Borges: El escritor la crítica, Madrid, Taurus, 1976, pág. 245.
[4] Gass, Fictions and the Figures of Life, New York, Knopf, 1970, pág 124.
[5] Un ejemplo de tal intercambio: durante una conferencia sobre la poesía de Borges en el Dickinson College de Pennsylvania, en abril de 1983, un eminente crítico español le preguntó a Borges cómo podía afirmar que Eça de Queiroz era el mejor escritor peninsular del siglo XIX cuando en ese siglo hubo en España cuatro grandes escritores. Borges, traviesamente, preguntó cómo se llamaban. "Larra, Bécquer, Galdós y Clarín", respondió el crítico español. Borges comentó: "Mi sentido pésame, entonces".
[6] Otro extenso pasaje es el reciente prólogo de Borges para la traducción de las Fábulas de Stevenson que realizó con Roberto Alifano. El prólogo cita el famoso poema de Stevenson, "Requiem", y se refiere al autor como un hombre ático (véase OC, pág. 975), y dice de las fábulas: "En la vasta obra de Stevenson este libro es un libro lateral, una breve y secreta obra maestra. Aquí también están su imaginación, su coraje y su gracia". (Fábulas, Buenos Aires, Legasa, 1983, pág. 11.) Al usar el adjetivo lateral Borges emplea uno de los términos más importantes de su vocabulario crítico, ya que para él lo supuestamente marginal a menudo constituye una especie de centro secreto. Véase Sylvia Molloy, Las letras de Borges, Buenos Aires, Sudamericana, 1979, pág. 60. En el prólogo citado Borges escribe: "En todas (las fábulas) se combinan cosas heterogéneas" y "Casi en cada renglón hay una sorpresa", frases que por poco no convierten a Stevenson en un poeta ultraísta.
[7] OCC significa Obras completas en colaboración de Borges, Buenos Aires, Emecé, 1979.
[8] Por ejemplo, el viaje de Stevenson a California tras de Fanny Osbourne fue una empresa temeraria, con gran riesgo para su salud, y su muerte en Samoa fue provocada por una hemorragia cerebral, no una hemorragia pulmonar. Véase J. C. Fumas, Voyage to Windward, New York, William Sloane, 1951, págs. 172-75.
[9] Extrañamente, Ronald Christ sostiene que el Stevenson que interesó a Borges fue "seguramente el Stevenson de Treasure Island Kidnapped (Raptado)" y no el ensayista o el crítico. Véase The Narrow Act: Borges’ Art of Allusion, New York, New York University Press, 1969, pág. 58.
[10] En una entrevista realizada en 1918, Borges me dijo que Stevenson creó "a fairy London" (un Londres feérico), frase tomada de un ensayo de Andrew Lang, "Mr. Stevenson’s Works" (Las obras del señor Stevenson), incluido en Essays in Little (Ensayos en miniatura), New York, Scribner’s, 1891, pág. 28.
[11] Stevenson escribe: "Para hombres dotados de igual facilidad es mucho más fácil escribir versos bastante agradables que una prosa razonablemente interesante: porque en prosa la forma misma debe ser inventada, y las dificultades surgen antes que puedan ser resueltas", Stevenson, Works, edición Thistle, New York, Charles Scrihner's Sons, 1897-98, XXII, 250. (Todas las subsiguientes referencias a Stevenson pertenecen a esta edición.) En la página siguiente agrega: "En prosa la oración gira en torno a un eje, bellamente equilibrado... El oído registra y es singularmente gratificado por este retorno y equilibrio; mientras que en el verso todo es desviado hacia la medida (XXII, 251). Y más adelante dice: "La prosa debe ser rítmica...pero no métrica. Puede ser cualquier cosa, pero no debe ser verso" (XXII, 256).
[12] El idioma de los argentinos. Buenos Aires, M. Gleizer, 1928pág. 91.




Daniel Balderstone












Daniel BalderstonEl precursor velado: R.L.Stevenson en la obra de Borges, Introducción
Trans. Eduardo Paz Leston
Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 1985
Fotos al pie: DB y cover edición citada 




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