29/10/15

Jorge Luis Borges: La poesía oral de los pieles rojas








Es acaso una lástima que la mejor antología inglesa de esta poesía, The Path on the Rainbow (El sendero sobre el arco iris) de George Cronyn, date de 1918, fecha que corresponde a la difusión de la escuela imagista. El influjo de esta escuela sobre los traductores nos parece evidente, salvo que postulemos un influjo retrospectivo de Ezra Pound sobre los pieles rojas. Sea lo que fuere, traducir un poema es trasladarlo no sólo a un idioma distinto sino a otras circunstancias históricas y a otra cultura. 

La poesía que ofrece a nuestra curiosidad The Path on the Rainbow sorprende por su contemplativa percepción del mundo visual, por su delicadeza, por su magia y por su laconismo. Hay composiciones que constan de un solo verso; por ejemplo, este sortilegio de un hechicero:

                                                 Mato, cantando. 

O: 

                          ¿Son hombres o son dioses los que salen de la espesura? 

O estas líneas dichas por un indio, al morir: 

Toda mi vida estuve buscando, buscando. 
                                      En los cantares mágicos, el hombre se identifica con la divinidad. 
                Soy el que lleva en la frente el lucero de la mañana. 

Los filólogos no han descubierto aún la métrica del indio; cada poema corresponde a una danza e incluye sílabas sin sentido. Por su diverso ritmo, los oyentes saben si una canción es amorosa, épica o mágica, aunque no entiendan el idioma. Sus metáforas no se justifican lógicamente pero son eficaces; un cantar invoca los zorros de plata de la luna. 

Hemos hablado de sortilegios que podían causar la muerte de un hombre; también los irlandeses atribuyeron ese poder al género satírico. Los pieles rojas poseían canciones curativas, canciones para alcanzar el amor o para alcanzar la victoria. Compusieron versos que un hombre solamente podía confiar a otro en la hora de la muerte. Según la frase de Baudelaire, estas cosas son como el eco de un mundo ausente, lejano, casi difunto. 

Finalmente citemos este cantar de los indios navajos: 

                                                                   ¡La urraca! ¡la urraca! 
                     En la blancura de las alas están las huellas del alba.
 ¡Amanece! ¡Amanece! 

A juzgar por el testimonio de Parkmang por las traducciones, los iroqueses cultivaron con éxito la oratoria política.




En Introducción a la literatura norteamericana (1967)
En colaboración con Esther Zemborain de Torres
Foto:  Jorge Luis Borges y Esther Zemborain de Torres (sentados)
De pie: Joaquín Piñeros Corpas, Ramón de Zubiría, Danilo Cruz Vélez
Pedro Gómez Valderrama, Jorge Rojas, Aurelio Arturo
Arturo Camacho Ramirez y Jaime Paredes Pardo
Universidad de los Andes, Colombia,  Julio de 1965
Publicada por Umberto Cobo, Diatribas, 1996



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