5/5/16

Jorge Luis Borges: Sí a la censura*





Por lo general no soy partidario de la censura, ya que es una interrupción de los derechos individuales por el Estado, cosa que nunca he aceptado ni aceptaré. Sin embargo, en este caso me siento paradójicamente muy agradecido, ya que en la película de Christensen 1 se han hecho sugerencias de homosexualidad, y yo no tengo nada que ver con ese tipo de asuntos. Es más: cuando él compró los derechos del cuento para su film, yo le insistí sobre el hecho de que podían omitir mi nombre y el nombre del libro, y así poder proceder con mayor libertad, ya que mi cuento es apenas un estímulo para un film como éste. En él hay obscenidades, hay desnudos, y además (esto es lo más grave) se sugiere la pornografía y el sexo. Pero no: me incluyó como autor, y yo temo que todo esto pueda comprometerme personalmente, que la gente pueda creerme cómplice del film. De modo que le agradezco a la censura su intervención. Y creo que Christensen también, porque si no va a quedar un poco en ridículo.

Si Christensen está enojado, debe ser por un problema comercial. Insisto: en este caso estoy de parte de la censura porque me beneficia y porque frente a la pornografía considero aceptable la labor del censor. Vale la pena aclarar mi posición: digo que en lo referente a la pornografía la aplicación de la censura está bien, pero en lo referente a la política no. Hay que aprender a ver dónde está lo realmente pernicioso. Yo estuve en Francia y en los Estados Unidos, y allí se ha probado y comprobado con seriedad que las licencias llevan, por lo general, a la pornografía. Y como yo trato de no ser obsceno, de escribir y pensar en forma decorosa, no me gustaría saber que la gente malinterpreta todo y me juzga vinculado a la película de Christensen. No tenía ninguna necesidad de mencionarme, y más aún si pensaba hacer un film tan pero tan distinto. Siempre se puede proteger la honra ajena: ponerle otro título a la película, cambiarle los nombres a los personajes. Eso se puede hacer.

Porque no se trata de una versión libre, sino de una versión distorsionada. Estoy asombrado todavía. Cuando se dice que la censura es perniciosa siempre, yo pienso que no siempre, porque la prohibición de lo indecoroso muchas veces induce a la ironía, obliga a esforzarse para decir las cosas de un modo indirecto y no de un modo burdo. Así, por ejemplo, la censura puede favorecer el cultivo de la ironía, esa sutileza expresiva capaz de una mayor eficacia que la palabra gruesa o la situación grosera. Lo contrario (que está tan de moda, para nuestra desgracia) es caer en la palabra falsa y en la más pedestre de las chabacanerías.

Ahí está el caso, por ejemplo, del médico que anunció la muerte de Sadat. Podía haber dicho: Sadat ha muerto. Pero dijo: Sólo Dios es inmortal. Ése es un exceso, un abuso de confianza, un error. Con “La intrusa”, pasa lo mismo.




* Revista Somos [2]
Buenos Aires, Año 6, Nº 273, 11 de diciembre de 1981


[1] El director Carlos Hugo Christensen filmó el cuento “La intrusa” [+], de Jorge Luis Borges, cuya exhibición fue prohibida. En este mismo número de la revista Somos, Christensen defiende el film en una nota titulada “No a la censura”. (N. del E.)

[2] En la revista Somos se publican otros testimonios de Borges que no incluimos en este libro. Ellos son: “El fenómeno Borges, según Jorge Luis Borges”, 1º de julio de 1977; “El misterioso premio Nobel”, 20 de octubre de 1978; “¡Qué injusta es la literatura argentina!”, 29 de diciembre de 1978. (N. del E.) 

Luego en Textos recobrados 1956-1986

Edición al cuidado de Sara Luisa del Carril y Mercedes Rubio de Zocchi
© 2003 María Kodama
© Emecé editores
Buenos Aires, 2003

Arriba: Fotogramas del film

Abajo: Poster publicitario



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