15/10/18

Adolfo Bioy Casares: "Borges" (Martes, 11 de mayo de 1965)







Martes, 11 de mayo. Come en casa Borges, de regreso del Perú. Publicó en La Nación «Al que está solo», un soneto (que no corresponde, según él, a lo que ahora siente, sino a lo que sintió hace dos años; lo tenía escrito desde entonces)*. Lo llamó por teléfono una mujer y le dijo: «Usted no me conoce. Mi nombre no importa. Quiero agradecerle que haya expresado lo que siento. Me dejó mi novio». Cortó la comunicación, llorando. La mujer del doctor Garrahan, viuda desde hace dos meses,
también lloró por el poema. Borges comenta: «Como dijo George Moore: "To be sentimental is to succeed [Ser sentimental es triunfar]". Otro hubiera dicho que "to succeed one has to be sentimental [para triunfar hay que ser sentimental]". ¿Te acordás cuando alguien le señaló que tal observación suya no era exacta? Moore convino, pero adujo: "One has to make a phrase [Lo importante es el estilo]"».

BORGES: «Qué animal Ricardo Rojas. Pensar que tituló El profeta de la pampa un libro sobre Sarmiento. ¿A Sarmiento le hubiera gustado? (Riendo) Creo que no: toda su vida luchó contra la pampa y los gauchos».

BIOY: «Además, la pampa es una palabra que corresponde a extranjeros que hablan sobre el país. Para nosotros suena falsa». Sobre las estupideces que dice Rojas del Martín Fierro, observa: «Si uno las niega, traiciona a la patria. No puede uno negar nada, porque es quitárselo al Martín Fierro». «Un terrorismo vigila», convine.

Alberto Hidalgo le mandó un largo prospecto anunciando que con el más crudo realismo hablaría sobre los escritores contemporáneos en un libro de recuerdos literarios que ofrecía en suscripción. Borges le contestó que no se suscribía, que a él siempre lo habían insultado gratis, que escribiera nomás con toda libertad. BORGES: «No sabés la importancia que tiene en el Perú la polémica de Boedo y Florida. Allá el grupo Martín Fierro cambió la literatura. Ahora yo llego a sospechar de toda la Historia de la literatura. Quizá todo sea retrospectivo y póstumo».

Preparamos una Antología del amor. Leo un cuento del que tengo el mejor recuerdo: «A Letter and a Paragraph», de Henry Bunner. En la carta a un amigo un periodista describe su propia felicidad, con su mujer y su hijito. En el párrafo se sabe que antes de morir, el periodista —solo, soltero— escribió esa carta para corregir la impresión deprimente que siempre había producido en el amigo, para mostrarle lo que él podía haber sido. La carta es repugnantemente almibarada. BORGES: «Hay una justificación psicológica. Lo que la gente imagina como cuadro de su propia felicidad suele ser así. Pero más valdría que no se necesitara la justificación. Hasta el paragraph, uno lee un cuento dulzón». BIOY: «Repugnante». Él lo recordaba como dulzón; yo, como admirable.

Leemos «Amor' è furbo» de «Clarín». No está mal. (Mientras le leía el cuento, Borges dormía. Después, para desmentir el irrefutable sueño, pasó un examen. Por experiencia de cuentista, con los pocos datos que tenía improvisó en líneas generales y con acierto el argumento del cuento.)

Leemos cuentos de Maupassant: «Idylle» (BORGES: «Qué cuento inmundo. Me da asco». BIOY: «A mí no me da asco»), «La patronne» («No es nada»), y un viaje al campo con una pelirroja («Monsieur Parent»).

BORGES: «Era enemigo de la anécdota. (Riendo) ¿Te das cuenta? Qué es todo esto si no anécdotas. Estos cuentos se escriben en una noche. Los prestigios literarios son arbitrarios. ¿Cómo se puede decir que esto está bien escrito? Los personajes son títeres. Estos cuentos no son más que argumentos... ¡qué argumentos! Todo está visto de lejos. El autor no se acerca ni que lo maten. ¿Por qué tendría ganas de escribir estas cosas? Tampoco están bien escritos. Pensar que es uno de los mejores escritores del mundo». Leemos «Boitelle»: un soldado se enamora de una negra; la lleva a su pueblo, para que los padres la vean; ellos decidirán si puede casarse o no; deciden que no, que es demasiado negra. BORGES: «No hay ninguna sorpresa. Desde el momento que partió para esa consulta, había dos posibilidades, que la aceptaran o que no la aceptaran. Para que hubiera cuento, el autor tendría que inventar una tercera salida, o una aceptación o una negativa por un motivo inesperado. Si la niegan por negra no hay cuento». Con todo, nos parece un poco mejor que otros. BORGES: «¿Qué pensaría de estos cuentos Flaubert? Maupassant no se daba mucho trabajo. Cervantes era más inventivo. Todo el tiempo estaba inventando disparates complicados, trabajosos. Las novelitas de pastores incluidas en el Quijote prueban que Cervantes no tenía fe en el Quijote. O que estaba aburrido de Quijote y Sancho. Lo que le divertía era otro tipo de relato, más complicado y absurdo. Le habrá divertido más escribir el Persiles que el Quijote. En Perú me dijeron: "Hay escritores españoles, pero no literatura española". Yo creo que es verdad: en España, los buenos libros no tuvieron descendencia. ¿Qué escuela nació del Quijote? Fue estéril. Un mulo».

Dice que la nueva poesía está llena de tropos llamados metáforas, que no son metáforas, porque no comparan una cosa con otra: «El tránsito azul del río».

BORGES: «Se puede valorar los países por dos razones. Por hombres que produjeron: el modo menos justo, me parece, porque hombres inteligentes o admirados pueden nacer en cualquier parte. O por un tipo de vida cortés, razonable, ordenado, sin sátrapas ni mendigos (por ejemplo Suiza)».


* Titulado 1964 e incluido en El otro el mismo (1964)

En Bioy Casares, Adolfo: Borges

Edición al cuidado de Daniel Martino
Barcelona: Ediciones Destino ("Imago Mundi"), 2006
Objetos personales de Borges en la Biblioteca Miguel Cané
Foto de ©Héctor Atilio Carballo


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