13/3/18

Ernst Jünger: Conversación con Jorge Luis Borges








Hemos tenido el placer y el honor de agasajar aquí a Jorge Luis Borges: tener un encuentro con un poeta se ha vuelto casi tan raro como topar con un animal al borde de la extinción o incluso mítico, con el unicornio, por ejemplo.

Borges está casi totalmente ciego desde hace años; llegó acompañado por un joven, que le había sido asignado por el Ministerio del Exterior, y por la dama de su cuidado. En las pocas horas que estuvieron en esta casa pudimos apreciar que ella no sólo es una ayuda inmensa para el hombre ciego sino que se ha convertido en su otro yo. Le llevaba la mano a la copa cuando quería beber, y a un trozo de tarta, antes de que él lo pidiera, y hacía el efecto, en todos los aspectos, de ser un órgano adherido a él.

La conversación entre los cinco que estábamos en la biblioteca fue políglota; se entrecruzaban frases alemanas, españolas, francesas e inglesas. Borges recitó en alemán a Angelus Silesius, también versos en inglés antiguo; al hacerlo, su lenguaje se volvía más claro, como si retornara a su juventud. Yo lamenté no haber aprendido español para poder leer a Cervantes y a Quevedo en el texto original: y a Borges también, evidentemente.

Conversación sobre Schopenhauer, al que ambos debemos mucho desde muy jóvenes, luego sobre Kafka, Don Quijote, Las mil y una noches, Walt Whitman, Flaubert. Hojas de hierba, de Whitman, presenta la democracia en su fuerza, Bouvard y Pécuchet, de Flaubert, su infamia.

Luego sobre Huxley: yo opiné que el Espíritu del Tiempo había resuelto el orden político de los insectos mejor que el nuestro. Borges, a eso: "Seguramente en lo relativo al Estado, pero la hormiga individual no cuenta".

Sin embargo, podría objetarse, todas están atendidas. Tienen vivienda, alimento y trabajo en abundancia, además un sueño hibernal. La mayoría está excluida de la vida sexual, lo que tal vez sea incluso un alivio. ¿Pero también del amor? Cuando estoy al sol del mediodía delante de uno de sus montículos y les pongo encima la mano, que se humedece mientras van y vienen y mueven los tentáculos, creo sentir que son felices. Habría que investigarlo; convinimos en que los zoólogos apenas están capacitados para ello.

Borges sigue mi evolución desde hace sesenta años. El primer libro mío que leyó fue Tempestades de acero, que fue traducido en 1922 por encargo del Ejército argentino. "Eso fue para mí una erupción volcánica".



En Jünger, Ernst; Pasados los setenta III, Ed. Tusquets (2007)
Texto e imagen de la entrevista aludida en Wulflingen el 27 de octubre de 1982
Ernst Jünger y su esposa Liselotte con Jorge Luis Borges y entrevistador 

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