21/5/16

Jorge Luis Borges: Del Director de la Biblioteca Nacional (Carta)





Señora Directora de Clarín:
En una de las partes de la carta del señor Jorge Ballester que se publicó en la edición del 22 de febrero se expresa lo siguiente: “Si usted va a la Biblioteca Nacional media hora antes del cierre no le admitirán pedido alguno, aunque a usted le basten diez minutos para consultar el libro o el periódico que solicita. ¿Y por qué? Porque diez o quince minutos antes de la hora de cierre comienza la ‘desbandada’ y los lectores son prácticamente expulsados a fin de que los empleados puedan, a la hora del cierre —es decir cuando recién debían clausurar las salas de lectura— estar en la puerta de calle, listos para emprender la retirada a sus casas…”
Sobre el particular llevo a su conocimiento que la Biblioteca Nacional, que me honro en dirigir, presta un servicio calificado y amable a sus lectores. Extendió su horario que era de 14 a 22 horas al actual de 8 a 24 horas desde mediados de 1967, como prueba de su permanente afán de superación y servicio, implantando el servicio de fotoduplicación en el acto desde hace más de dos años, lo que representa un aporte de suma utilidad al lector, estudiante y/o investigador. En el año 1972 incrementó en forma superlativa su programa de extensión cultural con exposiciones y conferencias, concretándose un operativo conjunto con el Consejo Nacional de Educación que llevó el patrimonio del organismo al interior de nuestras escuelas primarias, dándose clases especializadas en ellas y recibiéndose la visita guiada de cerca de 9.000 escolares de 6º y 7º grado. Con estas menciones muy sintéticas quiero expresar a usted la envergadura cultural y de servicio público que presta la Biblioteca Nacional, posible solamente merced al espíritu de sacrificio de su personal, muy escaso en número y con escasa remuneración, pero que se halla consustanciado con la misión docente que de ella emana.
La Biblioteca Nacional opera mediante reglamentos que conoce el lector y, media hora antes del cierre, como ocurre en toda biblioteca pública de la importancia de la nuestra, no se entregan obras pues deben irse acomodando en sus estantes las que los lectores devuelven a fin de estar debidamente ordenadas para el servicio público del día siguiente. Además pedir un libro lleva un proceso de unos seis a diez minutos que, en el caso expuesto por el señor Ballester, distrae al personal destinado a tal tarea en lo que debe hacer específicamente entre las 23.30 a 24, que es ir poniendo libros consultados en su habitual encasillamiento; espacio de tiempo en que espontáneamente ya los lectores existentes van devolviendo las obras. Por lo demás el caso que pinta el singular denunciante habitualmente no se produce y, a quien el personal brinda razones, comprende que el reglamento de trabajo se establece de acuerdo a lo que aconseja un eficiente servicio público. Ello no es óbice para que cuando una circunstancia de real necesidad y no una cuestión de hábito encuentre disposición especial en el empleado que atiende la solicitud, que por exceso de buena voluntad crea conveniente atender. Se debe entender que la Biblioteca Nacional constituye un amplio complejo cuyo mecanismo funciona por el sistema de relojería, la única forma de hacerlo eficiente como es.
Rechazo la afirmación de que el personal se retira de sus obligaciones 10 o 15 minutos antes del cierre, expulsando a los lectores. Demasiado grosera es esta gratuita imputación a un personal que no ahorra fatigas poniendo el hombro más allá de sus normales obligaciones. Hasta ahora la Dirección no ha podido constatar deterioros en sus instalaciones por esa ‘desbandada’ de que nos habla nuestro singular crítico. Sí en cambio puedo asegurar el retiro ordenado del personal a partir de la hora 0.05 a 0.20, según sean sus responsabilidades luego de la hora de cierre a las 24. En cuanto al rubro ‘Hemeroteca’ de atención de diarios, revistas y periódicos, el horario de cierre es la hora 21. Solamente la sala principal está abierta hasta la hora 24. El señor Ballester debe comprender que su derecho termina donde comienza el derecho de su servidor, cuando le llega el turno de irse a su casa a descansar. El tiempo de cada uno debe ser graduado de acuerdo con la necesidad que se tenga, sin pretender sojuzgar caprichosamente el ajeno que no le pertenece.
Salúdala atentamente
JORGE LUIS BORGES
Director Biblioteca Nacional


En octubre de 1955, Jorge Luis Borges asumió como Director de la Biblioteca Nacional. Dieciocho años más tarde, en 1973, ante el regreso de Juan Domingo Perón al gobierno, se acogió a la jubilación, tramitada con anterioridad. (N. del E.)


En diario Clarín, Buenos Aires, 10 de marzo de 1973* - En la sección “Cartas al País”.
Luego en Textos recobrados 1956-1986
Edición al cuidado de Sara Luisa del Carril y Mercedes Rubio de Zocchi
© 2003 Maria Kodama
© Emecé editores
Buenos Aires 2003

Imagen: Placa conmemorativa a Borges y a Groussac
en la Biblioteca acional de Buenos Aires
Foto: Carlos María Parise



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