3/1/16

Jorge Luis Borges: Victoria Ocampo









Hacia 1924 (la precisa fecha no importa; basta que la sintamos lejana) le presentaron a Victoria Ocampo, que era famosa, un muchacho desconocido, que se creía poeta y que detestaba sus propios versos. El muchacho, como es de suponer, estaba un poco intimidado por la imperativa señora y cincuenta años no pudieron borrar del todo aquel miedo inicial. (Alfonso Reyes predijo que los historiadores consagrarían un capítulo a nuestra era victoriana.) No recuerdo bien aquel primer diálogo; creo que hablamos del idioma. Comprobé sin asombro que Victoria no sentía la sobria música del castellano, hecha de vocales abiertas y de ocasionales voces esdrújulas. Con el tiempo, otras cosas nos acercaron: la voluntad de renovar la cultura argentina, la buena tradición unitaria y el amor de las letras de Inglaterra. Al escribir estas palabras no pienso únicamente en Shakespeare o en Swinburne; pienso en la niña que atraviesa el espejo, en la ingeniosa tontería de los limericks y en la amistad de Sherlock Holmes y de su modesto y no siempre auténtico Boswell, el doctor Watson. Otras nos apartaron. Yo juzgaba a los escritores por su retórica o por su facultad de invención; Victoria, por su índole o por su contexto biográfico. Detrás del libro, que es la máscara, indagaba el rostro secreto. Lectora hedónica, sólo leía y releía lo que le interesaba. Sospecho que la aplicada lectura consecutiva era tan ajena a sus hábitos como lo es ahora a los míos…

Victoria ha muerto y sé que esa relación, que nunca fue íntima, ha sido y es fundamental para mí. Casi puedo escribir que hoy tiene principio nuestra callada y verdadera amistad.



En Textos Recobrados 1956-1986
Primera publicación en dario La Prensa, 8 de abril de 1979
Portada de Diálogo con Borges, de Victoria Ocampo
Sur, Buenos Aires, 1969,
Con dedicatoria autógrafa de Borges


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