14/6/15

Adolfo Bioy Casares: "Borges" (Sábado 14 de junio de 1986)








Sábado, 14 de junio.  En la Confitería del Molino me encontré con mi hijo Fabián, al que regalé Un experimento con el tiempo, de Dunne, comprado en el quiosco de Callao y Rivadavia (después de cavilar tanto sobre este encuentro, dar con ese libro me había parecido un buen augurio). Se lo recomendé y le dije que le iba a dar una lista de libros. Después de almorzar en La Biela, con Francis Korn, decidí ir hasta el quiosco de Ayacucho y Alvear, para ver si tenía Un experimento con el tiempo: quería un ejemplar de reserva. Un individuo joven, con cara de pájaro, que después supe que era el autor de un estudio sobre las Eddas que me mandaron hace meses*, me saludó y me dijo, como excusándose: «Hoy es un día muy especial». Cuando por segunda vez dijo esa frase le pregunté: «¿Por qué?». «Porque falleció Borges. Esta tarde murió en Ginebra», fueron sus exactas palabras. Seguí mi camino.

       Pasé por el quiosco. Fui a otro de Callao y Quintana, sintiendo que eran mis primeros pasos en un mundo sin Borges. Que a pesar de verlo tan poco últimamente yo no había perdido la costumbre de pensar: «Tengo que contarle esto. Esto le va a gustar. Esto le va a parecer una estupidez ». Pensé: «Nuestra vida transcurre por corredores entre biombos. Estamos cerca unos de otros, pero incomunicados. Cuando Borges me dijo por teléfono desde Ginebra que no iba a volver y se le quebró la voz y cortó, ¿cómo no entendí que estaba pensando en su muerte? Nunca la creemos tan cercana. La verdad es que actuamos como si fuéramos inmortales. Quizá no pueda uno vivir de otra manera. Irse a morir a una ciudad lejana tal vez no sea tan inexplicable. Cuando me he sentido muy enfermo a veces deseé estar solo: como si la enfermedad y la muerte fueran vergonzosas, algo que uno quiere ocultar».
  

Nota

* Según Ricardo Ragendorfer [«Adolfo Bioy Casares y los que aman, odian». La Primera, Nº 140 (2002)]: «En el atardecer del 14 de junio de 1986 los noticieros comenzaron a informar sobre la muerte de Jorge Luis Borges [...]. Poco después llegó Cachi a mi casa; se trataba de un psicólogo algo chiflado, que desde hacía años corregía un ensayo suyo sobre las Eddas. Se lo veía exaltado. Yo, como al pasar, le mencioné con cierta pesadumbre lo de Borges. Y ése era justamente el motivo de su exaltación. "Me lo acabo de cruzar a Bioy Casares y le comenté el asunto —dijo, atragantándose con las letras—. Por la cara que puso, me di cuenta que [sic] el pobre no sabía nada. Fui yo el que le dio la noticia».


En Bioy Casares, Adolfo: Borges
Edición al cuidado de Daniel Martino
Barcelona: Ediciones Destino ("Imago Mundi"), 2006
Imagen: Borges y Bioy Casares 27 noviembre 1985 en Librería Casares




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