12/2/15

Jorge Luis Borges: Milonga de Don Nicanor Paredes






Venga un rasgueo y ahora,
Con el permiso de ustedes,
le estoy cantando, señores,
a don Nicanor Paredes.
No lo vi rígido y muerto
ni siquiera lo vi enfermo;
lo veo con paso firme
pisar su feudo, Palermo.
El bigote un poco gris
pero en los ojos el brillo
y cerca del corazón
El bultito del cuchillo.
El cuchillo de esa muerte
de la que no le gustaba
hablar; alguna desgracia
de cuadreras o de taba.
De atrio, más bien. Fue caudillo,
si no me marra la cuenta,
allá por los tiempos bravos
del ochocientos noventa.
Lacia y dura la melena
y aquel empaque de toro;
la chalina sobre el hombro
y el rumboso anillo de oro.
Entre sus hombres había
muchos de valor sereno;
Juan Muraña y aquel Suárez
apellidado el Chileno.
Cuando entre esa gente mala
se arma algún entrevero
él lo paraba de golpe,
de un grito o con el talero.
Varón de ánimo parejo
en la buena o en la mala;
«En casa de jabonero
el que no se cae se refala».
Sabía contar sucedidos,
al compás de la vihuela,
de las casas de Junín
y de las carpas de Adela.

Ahora está muerto y con él
cuánta memoria se apaga
de aquel Palermo perdido
del baldío y de la daga.
Ahora está muerto y me digo
¿qué hará usted, don Nicanor,
en un cielo sin caballos
ni envido, retruco y flor?



En Para las seis cuerdas (1965)
Esta milonga, junto con otras y el relato Hombre de la Esquina Rosada
se grabó en un disco en la voz de Edmundo Rivero, con Astor Piazzolla,
donde Borges tomó parte. (Foto durante esa grabación, 1965)
Contenido de la grabación (LP El Tango) de Borges-Piazzolla-Rivero


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